La joven más bella de un pueblo italiano se encontraba casada con un hombre enviado a la guerra; su padre, un profesor reconocido entre la gente. Todos se deleitaban con su belleza interna y externa, su decencia nunca se puso en duda. Las cosas se complicaron por la situación de la segunda guerra mundial, la crisis económica toco a las puertas de su casa. Después de que su padre la despreciara por un mal rumor él murió en un derrumbe. Ella sola, su esposo había muerto en la guerra, hambre, necesidad…

Los aprovechados no dejaron de insistir a las puertas de su casa buscando intercambiarle pan por satisfacción de sus pasiones. La necesidad fue más grande que su decencia y su corazón guardado para su esposo. Cuando la necesidad nos vence compramos lo que necesitamos con lo más valioso, poniendo en juego incluso nuestra integridad, porque ya no es tiempo de cuidar la integridad sino la supervivencia. Puede no ser justificable, pero Malena tuvo que prostituirse para lograr sobrevivir; los hombres del pueblo recurrieron sin demora, mientras sus esposas se derretían de envidia; soldados italianos, alemanes, americanos. De tras de toda esta marajá de injusticia contra Malena se anteponía la pasión a la caridad. Se encontraba un jovencillo enamorado que soñaba con ella día y noche; su amor para con ella creció con tanta autenticidad que trascendió la pasión de cada uno de los hombres. Ella por su parte entrego su cuerpo, se vendió por necesidad, colmo su hambre, más nunca desplazo a su hombre de las puertas de la esperanza. El culmen de la historia llego cuando las mujeres del pueblo se reunieron para citarla a una humillación pública; golpes, arañazos, cachetadas y por ultimo unas tijeras rebanaron su cabello: con sus pies heridos, su cara y pechos sangrando, los andrajos no le hicieron de cómplices y la dejaron caminar desnuda y a rapa entre la calle hasta que tomando sus pertenencias abandono aquel pueblo que solo había abusado de ella, sin apoyarla en su necesidad.

El occiso esposo llego al pueblo, pero no la encontró, dándose a la tarea de investigar, la encontró en otro pueblo cercano. Aquel jovencillo enamorado, el cual soñaba con aquella bella y virtuosa mujer declaro e hiso palpable su amor puro al escribir una carta para el esposo que lleno de incertidumbre por los rumores en torno a su esposa, versaba de la siguiente manera: “señor, como hombre le hago ver que, la señora Malena siempre le fue fiel, nunca dude de su fidelidad y su amor para con usted”. La trama de esta historia termina con la renovada unión entre Malena y su esposo, y la dignidad que recobró frente al pueblo mismo que se la había arrebatado. La mejor manera de recuperar la dignidad es regresar al lugar donde la habías perdido. 

En un panorama superficial esta historia podría parecer centrada en las pasiones cómicas de un pueblo entorno a una bella prostituta, víctima de la guerra y el hambre. Sin embargo, la centralidad de esta historia radica en dos personas que nunca dejaron de amar a Malena; su esposo y el jovencillo enamorado.

Una pisca de amor verdadero es capaz de volver nuevas todas las cosas, porque el amor va más allá de lo imperdonable. Cuando se piensa que por Cristo vino la salvación al mundo, en un espacio concreto de la historia, como un punto que apenas se alcanza a ver en el entramado del desarrollo de la humanidad, podría ser insignificante; pero el Reino del Amor es como la levadura que con un poco fermenta toda la harina; la historia la harina y la levadura Jesucristo encarnado el cual muriendo en la cruz perdono lo imperdonable y con esto nos dio la mayor prueba de su amor, porque no hay amor más grande que el de aquel que da la vida por los culpables (cf. Jn. 15, 13).

De haberse llamado Malena le habríamos identificado con aquella mujer adúltera acusada frente a Jesús para ser apedreada. Aquel jovencillo enamorado de ser un simple joven iluso habría sido Jesús quien con su carta sacudió los juicios de todo un pueblo y las incertidumbres de su esposo. Su esposa de haber sido un soldado considerado como muerto debió haber sido San José, quien sabiendo que su esposa esperaba el hijo, de quien sabe quién, pensó abandonarla en secreto para que no fuera asesinada legalmente a pedradas.

Jesús perdono los pecados, y la mayor expresión del perdón la hiso en silencio; se retiró tres días al sepulcro, después de haber muerto por los pecadores, y al anochecer del tercer día volvió amándonos más allá de nosotros mismos, de nuestros defectos, en la región del silencio, donde no hay reconocimiento por haber perdonado, ni retribución, sino el solo hecho de amar con todo el ser incluso a aquel que le ofendió.

Si alguna noche el esposo de Malena volvió a dudar de ella, queriendo vengarse de los agresores e incluso castigar a su esposa; el susurro del Dios crucificado y resucitado le daba la razón sobre sentir rabia; pero el fundamento de que Dios había pagado por los delitos de todos en la cruz, le habría devuelto la serenidad ensanchada por un amor que va siempre más allá, que ama incluso las perfectas imperfecciones de su ser amado.

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