Cada Iglesia particular o diócesis tiene su catedral, y se le llama así porque es ahí donde tiene el obispo su cátedra o sede, que es el lugar desde el cual preside a la comunidad que se le ha confiado; gobernándola, enseñándola y santificándola; lo que hace que esta iglesia sea la iglesia principal de cada diócesis, su centro espiritual y litúrgico. La liturgia invita a que en el aniversario de la dedicación de la catedral sea celebrada la misa en la misma catedral.

 

Por lo anterior, este día es necesario voltear a Roma , sede de la Iglesia universal (de todo el mundo), ya que ésta última precede siempre a las Iglesias particulares (diócesis); las alumbra. Por lo tanto, sólo pueden ser Iglesia en comunión con la Sede Romana.

 

San Ignacio de Antioquia concedía gran importancia a la Iglesia de Roma atribuyéndole un especial primado. En su carta a los Romanos la saluda como la que “preside en la caridad”. Siguiendo en esta línea, Lucas ve a Roma, en los Hechos de los apóstoles, como la representación del mundo de los paganos, pueblos que se encontraban fuera del pueblo de Dios; sin embargo, el libro termina con la llegada del Evangelio a Roma. Con la evangelización romana, ha alcanzado su meta el camino que iniciara en Jerusalén; se ha realizado la Iglesia católica, la cual va a continuar y a sustituir al antiguo pueblo de Dios, el cual tenía su centro en Jerusalén. Ahora bien, podemos decir que en la eclesiología de San Lucas, Roma es el nombre concreto de la catolicidad, pues expresa siempre la fidelidad a los orígenes. Además de lo anterior, otro suceso que hace a esta cede tener esta especial precedencia sobre las demás, es el hecho de que en esta ciudad derramaron su sangre los apóstoles Pedro y Pablo. También es la Iglesia que llegó a ser la sede del apóstol Pedro. Aún con todo esto la Iglesia de Roma, sin dejar de ser la que “preside en la caridad”, continua manteniendo la estructura de cualquier Iglesia particular: tiene a la cabeza un obispo, el cual es el Papa, y también tiene su Catedral que es la Basílica de San Juan Letrán.

 

Por todo lo anterior, podemos imaginar la gran dignidad que tiene la diócesis de Roma para el mundo, y mayor aún, la dignidad que ostenta su Catedral, es decir, la Basílica San Juan de Letrán, para la misma diócesis y para el mundo. Y así, como en cada diócesis se celebra el aniversario de la dedicación de la catedral, también en la Iglesia Universal cada año el 9 de noviembre la liturgia nos invita a celebrar la dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán. El fin de esta celebración es honrar aquella basílica, que por ser la Catedral del Papa y de la diócesis de Roma, viene a ser la “madre y cabeza de todas las iglesias de Roma y del mundo”. Ésta celebración se convierte en una señal de amor y de unidad hacia la cátedra de Pedro la cual “preside en la caridad”.

 

Esta basílica fue consagrada el 9 de noviembre del año 324 por el Papa San Silvestre, fue la primera basílica del Catolicismo. Construida por Constantino en el Laterano, es la iglesia-madre de Roma y del mundo. Originalmente fue dedicada a Cristo Salvador, y posteriormente a San Juan Bautista y San Juan Evangelista, de ahí que el nombre correcto de sea Archibasílica del Santísimo Salvador y de los santos Juan Bautista y Juan Evangelista.

 

La liturgia de este día nos ayudará a sentirnos inmersos en el misterio de la Iglesia, la construcción material se nos presenta como figura de Jesucristo, el verdadero Templo de Dios en quien descansa en plenitud el Espíritu Santo. Templo que cada uno de nosotros está llamado a hacer visible en el mundo, ya que, gracias a nuestro bautismo, somos también Templos del Espíritu Santo y miembros de la Iglesia que es el Cuerpo de Cristo.

Mario Lerma

Teología

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