La Iglesia es peregrina y lo realiza hacia adelante, hacia los tiempos definitivos; recuerdo una frase en un mensaje de Cuaresma de su santidad Benedicto XVI, “el que no avanza retrocede”, con el inicio del tiempo de Adviento, la Iglesia peregrina, camina en un período privilegiado, donde cada domingo, a través de su Palabra, Dios nos concede un tiempo nuevo, un tiempo de esperanza.

Muchas son las maneras de prepararnos en el Adviento. Como sabemos, la liturgia nos prepara con diferentes signos, pero cada uno es protagonista, y elige cómo vivir este tiempo. Como auténticos discípulos y misioneros, estamos llamados a vivirlo con esperanza, puesta en quien se ha encarnado, y estamos próximos a celebrar. Es esta esperanza la que se nos ha otorgado para el hecho de afrontar nuestro presente, tal vez un tanto fatigoso, pero que sin duda, nos lleva hacia la meta, la cual, anhelamos, y estamos certeros de encontrar, pues sabemos que nuestra vida no termina en el vacío.

Estamos llamados desde la esperanza a dejar el pesimismo y mirar hacia adelante con la cabeza en alto, a pesar de estar en un panorama no tan alentador. El cristiano que vive la esperanza, vive contagiado de una constante disposición al ánimo. Y es esta la invitación que nos hace este primer Domingo de Adviento.

“No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva.” (Deus Caritas Est, Benedicto XVI). Es esta la razón por la que nos preparamos en Adviento llenos de esperanza. El saberme invitado al encuentro del nacimiento de Cristo, me motiva en mi vida de tal manera que me veo llamado al amor y a la respuesta más humana a esta invitación, por eso me preparo, como se prepara para una fiesta, un banquete. Sé, que no entra cualquiera, si no aquel que está revestido de gala (esperanza), para tal ocasión.

Que nuestra persona este Adviento, se engalane cada domingo, de una actitud nueva, de fe, esperanza y sobre todo caridad, no es suficiente adoptarlas, es preciso ejercitarlas. Peregrinemos siempre juntos, porque el que no avanza retrocede. Avancemos con María estrella de la esperanza, con Cristo a la cabeza en el Espíritu Santo.

Y tú ¿Con qué actitud vivirás este Adviento?

 

Iván Estrada

Teología I

 

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