El mundo actual cumplía 2015 años de vida, después de que llego su plenitud en el nacimiento de Jesucristo, un número exacto y de buen ver; él no se angustiaba por su edad, porque siempre le hacia la forma de ponerse a la moda y estar posicionado como el centro de atención; miles de años de experiencia le antecedían. Se organizó una gran fiesta y comenzó a pasar escritura por su agenda para que no faltaran aquellos que le hacían ser él y a demás le daban su realce especial, acrecían su popularidad y ensanchaban su ego.

En la primera línea de la lista estaba el mercado; ostentaba con atuendos estrafalarios: llevaba unas botas de injustica, un pantalón estrecho que dejaba ver perfectamente su cuerpo seductor, un abrigo de frialdad y exclusión, y rematado con un peinado de ofensas a la pobreza. Obviamente, admirado por todos subió al pódium del mundo junto con su esposo el dinero con el cual compraban incluso la dignidad de la persona, juntos mercaban cualquier tipo de cosas. Juntos en el pódium del mundo dijeron: gracias porque a pesar de querernos ignorar, nosotros les brindamos gran seguridad y valía por encima de su propia dignidad que es muy cara y ni nosotros podemos comprar. Los aplausos se hicieron lluvia en aquel espectáculo festivo mientras tomaban lugar en la fiesta.

El segundo en la lisita eran las armas quienes llegaron con un cuerpo bien formado; brazos fortalecidos por su experiencia en levantamiento de naciones poderosas, un pecho erguido con soberbia dejaba ver las victimas de su acción, su abdomen no tenía viseras por dentro por ello podía asesinar sin escrúpulos y sus piernas firmes aplastaba a cualquiera que se interfiriese en su camino por eso dejaron espacio amplio sobre la alfombra roja; sus palabras en el pódium: gracias porque siempre que se ven perdidos recurren a mí y con mi violencia podemos recuperar lo que no hemos perdido y ganar por lo que no hemos trabajado. Tomo su lugar como de costumbre junto al dinero, pues eran buenos amigos.

La ley venía caminando con su traje de gala, saludando a todos con una sonrisa aparente pero con la cual todos quedaban cautivados, a todos les enseñaba su emblema justicia pero en su cabello colgaba un letrero que decía si me conviene. Sus palabras fueron el silencio de la gente cuando subió al pódium, es que todos estaban acostumbrados a callarse cuando ella hablaba, pues aunque los lastimará no podían decir anda ya que el castigo era más severo si se atrevían. Gracias, yo lo sabía, gracias, les dijo la dama y tomo su lugar.

Enseguida llego la política un tropezando un poco con las faldas del mercado, y sostenida por los brazos de las armas para no caer, la ley le dio un beso en la mejilla para que pasará su vergüenza. Llego bochornosa al pódium y se disculpó; perdón es que suelo embriagarme de egoísmo, porque hace tiempo estoy enamorada del mercado y el dinero, cuando no me siento bien correspondido tomo mucho y las armas me ayudan a controlarme junto con la ley que siendo mi esposa me es fiel aunque yo tenga un corazón dividido. Gracias por invitarme, ya que sin mí no tendrían confianza; entonces les diré lo que todos quieren escuchar y que solo yo sé que es mentira: todo está bien.

Todos se deslumbraron cuando entro por la puerta una minifalda que dejaba ver mucho, un escote muy recorrido y unos tacones que se elevaban por encima de todos, era la prensa; su cuerpo escultural subió al pódium y dijo: gracias a todos ustedes por pagarme mis operaciones, gracias a ellas no muestro la verdad sino las mentiras que nos ayudan a construir el mundo que todos queremos, debo a ustedes mi belleza, gracias. Todos chiflaron vulgarmente y ella alagada tomo asiento.

Por último, no podía faltar el anciano que limpiaba conciencias, lo invitaron para que no dijeran y pensaran que todas sus obras eran buenas, justificables y justas. Llego andrajoso, porque el mercado no le dejaba entrar a sus tiendas para comprar un poco de ropa, con algunas heridas en las piernas porque la guerra lo había querido aniquilar cuando proponía la paz; venía un poco cabizbajo porque la ley le escupió en un congreso para promover el aborto, la muerte de los que no producen y la muerte de los que no valen para el mundo actual. La política borracha a penas supo que entro y le dijo: -viejo amigo- y carcajeo alzando una copa. La prensa le coqueteo sarcásticamente moviendo sus bello cuerpo diciéndole: tu no quisiste pagar la mentira por ello no eres tan famoso. Se trataba de Dios. Subió al pódium y dijo: - yo am-  y le interrumpieron con chiflidos y aplausos. Siguió: a la humanida…” - viva el ser supremo- dijeron todos con carcajadas e interrupciones.

El mundo actual aplaudió, en señal de orden, mientras Dios se encontraba aun intentando hablar, y en eso entro la humanidad que ni había llegado a la lista de importancia, vestida de servidumbre, con una charola en la cual llevaba copas para brindar: la política le toco en un glúteo, la ley y los medios de comunicación la vieron con desprecio de arriba hacia abajo; el mercado le arranco un reloj que le quedaba para vivir, el tiempo; Dios la vio alejarse de Él, mientras ella intentaba reconocerle, las armas bromeando le pego en la cabeza intentando darle una muestra de cariño y callo desplomada por una bala que se le salió del armamento. Mientras escurría su sangre, desangrándose se enardecían con más ganas las pasiones y la fiesta crecía hasta el amanecer de la muerte.

Es que cuando se desplaza a Dios del mercado, de la justicia, de la ley, de la política,  de los medios, el ser humano termina siendo servidor de aquello que desde un principio era para servirlo a él.

El ultimo murmullo que escuchará la humanidad antes de morir será la felicitación al mundo actual ¡feliz cumpleaños! 

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