Los ojos de ella se cristalizaban para quebrarse enseguida en cascadas de lágrimas; hacia un momento había contemplado a sus papas tomados de las manos, mirándose a los ojos, como prometiéndose algo. Los  papas se despidieron el uno del otro para separarse de nuevo, tal vez la próxima visita del padre sería en un mes, dos, tal vez tres o cuatro; tal vez se podría pensar en que ya nunca volvería. La separación de dos personas que se prometieron amor ya no desvanecía en sus propios corazones sino el de su hija, cada vez que preguntaba ¿Por qué mis papas no vuelven a estar juntos?

Ilusas palabras, ante un mundo lleno de heridas las cuales parecen irreparables; corazones azotados por sus propias ilusiones yacen en las orillas de un mar de problemas. Una ola de dolores azota las voluntades llenas de esperanza. Soñar con un mundo lleno de bondad, paz, unión, verdad, perdón, amor parece no tener sentido. Tan hostil es el hombre para consigo mismo que termina dejándose arrollar por las corrientes de la desesperanza.

Pero tal vez la ilusión no es tan mala acompañada de la virtud, entonces es impulso constante hacia los sueños imposibles. El mayor argumento es un Inocente, quien gritaba en la cruz: Padre ¿por qué me has abandonado? Y después de esta exclamación abrumadora los ojos se le tiñeron de muerte. Este inocente, antes de morir proclamo un gran sueño donde: los pobres de espíritu tendrán el Reino de Dios, donde los que sufren son consolados, donde los pacientes heredarán la tierra, los que tienen hambre de  justicia serán satisfechos, donde los compasivos serán juzgados con compasión y no como ingenuos, donde los limpios de corazón verán a Dios, los que luchan por la paz Dios mismo los llamará hijos; donde a los perseguidos les pertenece el Reino de los cielos; donde son dichosos los maltratados porque sueñan que su padres volverán a amarse como en el principio, que los odiosos perdonaran, los que dan una segunda oportunidad y aman más allá de las fracturas que les han hecho en el corazón, los cuales no pestañean en velar por los desaparecidos y alejados de su corazón.

¡Qué bueno! María de Nazaret, José carpintero, Teresa de Calcuta, Pedro de Jesús Maldonado, San Juan María Vianey, Maximiliano María Colve; que bueno San Ignacio de Loyola, San Agustín, María Goreti, Catalina de Siena, Santa Rita de Casia, Juan Pablo, Carlos Leisner; que bueno que lo soñó antes de que ustedes soñarán con Él en el seno de sus soledades, en medio de este mundo hostil. De no haber sido así su frágil amor se hubiera quebrado. Pero su amor permaneció como la cruz inquebrantable de su Maestro porque ustedes no recibieron lo que merecían en este mundo, porque fuertes en la fe Dios tenía dispuesto algo más grande para ustedes. Porque la mayor certeza del inocente soñador es que de la semilla sembrada en la cruz; en una cruz llena de dolor y engaños, cruz montada por los hombres a quien Ese inocente amaba, de esa cruz que anuncia el amor más grande y la injusticia de toda la humanidad brotará la flor de la resurrección. La pregunta es ¿si el soñador es más ingenuo que aquel que prefiere asesinar sus propias esperanzas y dejarse arrastrar hasta la muerte de su propia amargura?

No se sabe si aquella la niña empapada en lágrimas fue consolada por su padres, sus hermanos, o por este mundo que despreciaba sus ilusiones de inocencia… solo dicen que de continuo se le veía salir de la mano de su mamá con rumbo a la parroquia donde juntaba sus manos y elevaba en unos instantes sus ruegos, frente a un INOCENTE crucificado… que de nuevo gritaba: Padre, Padre ¿Por qué me has abandonado? De la semilla que se siembra en la cruz brota la flor de la resurrección, la cruz es esperanza y el sepulcro vacío la colma, la llena, la planifica. La cruz es perdón y la resurrección sanación.

 Luis Ramón Mendoza Lopez
In hoc signo vinces

Teología IV 

Comment