Recientemente la asociación American Atheist (AA) ha lanzado una campaña denominada "En esta navidad no vayas a la Iglesia" en un intento indiscreto de pretender "acabar con la navidad" un tema muy común en las películas infantiles de estas temporadas del año. Podemos decir que AA está haciendo el papel del "Grinch" que se robó la navidad. Y lo más alarmante es cuestionarnos ¿Cuánto éxito están teniendo, incluso antes de haber iniciado públicamente su campaña? Qué drástico sería descubrir que el verdadero Grinch de nuestra sociedad no es AA o alguna asociación similar sino que somos nosotros los cristianos que hemos permitido (incluso colaborado) en que el significado original de la navidad sea desplazado por el nuevo significado de una sociedad basada en el poder del consumismo. Esto puede ser mejor explicado si realizamos un comparativo entre la navidad cristiana y la "neo-navidad" basándonos en el sentido, el objetivo, la celebración y la espera de la Navidad.

La navidad, no se olvide, es la fecha en que la Iglesia celebra la encarnación del hijo de Dios, su nombre proviene de "Natividad" (nacimiento), la expresión "Feliz Navidad" evoca más directamente a su sentido original pronunciándose en ingles: "Merry Christmas"; Sin embargo es triste que la expresión "Feliz Navidad" esté siendo desplazada (no pocas veces) por un simple "felices fiestas" desplazando el sentido de nacimiento por el de eventos sociales pues a esto se han reducido las tradicionales posadas.

Siendo ahora el sentido de la navidad una ocasión solo para las fiestas y la convivencia es obvio que ha cambiado el objetivo de la preparación. El tiempo de preparación que, por los cristianos es conocido como el adviento, es un tiempo de matiz espiritual de preparación para la venida de nuestro Señor Jesucristo (su venida a nuestro corazón[1]) haciéndose énfasis en  la espera, la esperanza, la atención, la vigilancia, la acogida y el compartir.[2] Sin embargo, con tristeza vemos que la preparación a la navidad queda reducido a un tiempo de intensa actividad comercial y económica, inicia no un domingo sino en un "Blackfriday" y terminando con las llamadas "Compras de pánico" o de "último momento".

Y si el sentido y la preparación se han desvirtuado es claro que la celebración propia de la fiesta también. La navidad se celebra en la fuente y culmen de toda la actividad de la Iglesia, en la Eucaristía[3] y terminando la misa se vive y se festeja mediante una cena con nuestras familias y seres queridos,  incluso entre varias familias para enriquecer el significado de la gran familia cristiana. No es raro ver que muchos ahora no celebran la navidad y directamente pasan a la convivencia, con la familia en el mejor de los casos.

¿Qué es lo que festejamos?, repito lo dicho al inicio, el hijo de Dios se ha hecho hombre y esperamos con ansia su segunda venida. Y si en cada misa exclamamos como "ven Señor Jesús" en navidad hacemos énfasis en que el Señor ya viene, está cerca, es Cristo el que viene y no otra persona como suele decir aquella canción "Santa Claus Is Coming to Town"[4].

¿Qué haremos ahora los católicos? En definitiva no caeremos en una actitud de pesimismo o fatalismo y mucho menos aceptaremos una derrota. Debemos por tanto reconquistar la celebración cristiana de la navidad.  Recordemos que celebramos el nacimiento del Hijo de Dios el 25 de Diciembre desde el año 354  fijándola el día de la fiesta civil romana del Sol Invicto, pues Cristo es el verdadero "Sol que nace de lo alto", es decir que como producto de la creatividad de los primeros cristianos (y bajo la guía del Espíritu Santo), se le dio el verdadero sentido cristiano a una fiesta pagana ya existente. Ahora parece estar ocurriendo lo contrario, se está paganizando una festividad cristiana (en realidad varias, pero por ahora solo nos enfocamos en una) y es una oportunidad grandiosa de volver a usar nuestra creatividad y la guía del Espíritu para volver al sentido, al objetivo y a la celebración cristiana de la Navidad "fortaleciendo (nos dirá el papa Francisco) la riqueza cultural ya existente... pues toda cultura y todo grupo social necesitan purificación y maduración."[5]

¿A Quién le compete esa gran tarea? A todos, a aquellos escritores, compositores, compositores y demás artistas que con sus obras pueden plasmar el sentido original de la navidad, a los catequistas que están formando a los católicos de hoy y de mañana, a los padres de familia que educan a sus hijos en valores familiares y cristianos.

La pregunta que nos queda por el momento es ¿Cómo voy a vivir y celebrar la navidad este año?

 

Roberto Misael Enríquez Botello
III Teología

 

 

[1]Catequesis de Cirilo de  Jerusalén 15, 1-3; Tomado del oficio de lectura del Domingo I de adviento.

[2]Jesús Castellano, El año litúrgico Memorial de Cristo y mistagogía de la Iglesia, Ed. centre de Pastoral Litúrgica, Barcelona 1994. P.75

[3] Lumen Gentium 11

[4]John Frederick Coots, 1932

[5] Evangelii Gaudium 69

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