"Y brotará una vara del tronco de Jesé
y retoñará de sus raíces un vástago.
Sobre el que reposará el Espíritu del Señor: 
Espíritu de sabiduría y de Inteligencia, 
Espíritu de entenimiento y de temor del Señor. 
Y pronunciará sus decretos en el temor del Señor. 
No juzgará por el aspecto externo."
(Is 11,1-4)  

El Espíritu Santo, la tercera persona de la trinidad, es el encargado de realizar una obra maestra dentro de la creación de Dios Padre: la santificación de las almas. Es por eso que Jesús fue concebido por obra del Espíritu Santo y nuestra santificación es prolongación de la encarnación. Ahora bien, nuestra santificación es obra del Espíritu Santo mas no por eso nos excluye en su actuar. Pongo el ejemplo de un gran artista, un pintor genial que va a realizar su obra maestra, para ello utiliza a sus discípulos más aventajados; él mismo dispone la madera, como prepararán la tela, como combinar los colores, pero cuando llega a lo más fino de su obra, donde se revelará su genio y se cristalizará la inspiración que lleva en el alma es él mismo quien traza los rasgos finísimos de su obra. Así pues el Espíritu Santo realizará en nosotros su obra divina, la imagen de Jesús, pero no quiere realizarla solo sino quiere que nosotros colaboremos en ella y nos otorga instrumentos privilegiados los cuales conocemos como dones.

Cuando oimos hablar sobre los dones del Espíritu Santo acostumbramos a evocar 7 (Temor, Fortaleza, Piedad, Consejo, Ciencia, Entendimiento, Sabiduría), basándonos sobre todo en la cita de Is 11,1-2, en donde alguien observador podrá objetar que no habla de 7 sino solo se mencionan 6, ¿De dónde sacamos el séptimo (Piedad)? Ciertamente el texto hebreo menciona solo 6 dones, el dilema se sucita al momento de traducir el texto del hebreo al griego, pues el término "Yirah" se traduce tanto a "temor" como a "piedad"; por tanto es a partir de la versión de los Setenta (traducción al griego del Antiguo Testamento) que encontramos la enumeración de 7 dones.

Mas no podemos limitar el obrar del Espíritu Santo a 7 dones, en la Sagrada Escritura encontramos que también actúa como principio de vida nueva en el baño de regeneración (Tit 3,5-7), forma al hombre nuevo (Ef, 3,16; 2 Co 5,17), consagra a los fieles como pueblo de Dios (1 Co 6,19-20), crea y atestigua nuestra filiación adoptiva (Ro 8,16 Gal 4,5-6), nos otorga bondad, justicia, verdad (Ef 5,9), piedad, fe, amor, perseverancia, dulzura (1 Tim 6,11), alegría, esperanza (Rm 14,17), honradez, conocimiento, comprensión, espíritu de Dios (2 Co 6,6-7; St 3,17-18) por mencionar algunos cuantos.

Después de mencionar solo algunos de los muchísimos dones que el Espíritu Santo infunde sobre cada uno de nosotros me es inevitable reflexionar sobre la exhortación que nos hace el apóstol Pedro: "Que cada uno según el don que ha recibido, administrelo a otros, como buenos administradores de la multiforme Gracia de Dios" (1 Pe 4,10), pues como se mencionó antes los dones son herramientas que, si bien recibimos gratuitamente por gracia de Dios y no por mérito alguno o por merecimiento de nuestra "buena conducta", deben ser utilizadas para la edificación del Reino de Dios en la tierra, para trabajar junto con nuestros hermanos en favor de nuestros mismos hermanos, de lo contrario si los conservamos de adorno solo tendremos dones "muertos" incapaces de producir. Pongo el ejemplo del mar muerto, un mar que a diferencia de los demás solo recibe aguas de los diferentes ríos que a él afluyen pero que se las queda para si, no las comparte con nadie más, en lugar de poseer más vida que los demás ocurre todo lo contrario, su densidad de sal es tan alta que no puede albergar vida alguna. Así pues nosotros en base a que compartamos lo que recibimos vamos edificando el Reino, vamos dejando tras de nosotros "verdes oasis" (Sal 84).

Vayamos pues a ejercitar y compartir lo que del Espíritu Santo hemos recibido y pintemos en nosotros y en los demás la imagen de Jesús.

 

Roberto Misael Enríquez Botello
III Teología

 

Jimenez E., EL ESPÍRITU SANTO DADOR DE VIDA, EN LA IGLESIA, AL CRISTIANO, Ed, EGA, Bilbao 1993
Martinez L., EL ESPÍRITU SANTO Y SUS DONES, Ed La Cruz, México DF 1982
Philipon M., LOS DONES DEL ESPÍRITU SANTO, Ed Palabra, Madrid 1989

 

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