Nueve meses antes de la Navidad celebramos la Encarnación del Hijo de Dios, que San Lucas describe en el anuncio del Arcángel Gabriel a la Santísima Virgen, al comunicarle que será la Madre de Dios. María dio su “sí-hágase”, y concibió por obra del Espíritu Santo. Consistiendo a los planes de Dios, ella tomó parte en la Redención. Es costumbre conmemorar este misterio rezando el Ángelus a las doce del día y, en algunos lugares, también a las seis de la mañana y de la tarde.

 

La Anunciación a María inaugura “la plenitud de los tiempos” (Gal 4, 4), es decir, el cumplimiento de las promesas y de los preparativos. María es invitada a concebir aquel en quien habitará “corporalmente la plenitud de la divinidad (Col 2, 9). La respuesta divina a su “¿cómo será esto, puesto que no conozco varón?” se dio mediante el poder del Espíritu. “El Espíritu Santo vendrá sobre ti” (Lc 1, 35).

 

Pidamos a María la fortaleza para aceptar y realizar la voluntad de Dios, pidamos que interceda por nosotros para no atemorizarnos frente al sin sentido y las contrariedades. Somos invitados a anunciar a Jesús, como la respuesta al hombre de hoy, como lo hizo el arcángel Gabriel, como lo hizo Isaías, como el salmista: “Aquí estoy Señor, para hacer tu voluntad.”

Comment