La Iglesia encuentra en Francisco un pastor auténtico, cercano y amoroso; el mundo lo ve como verdadero líder, hombre de diálogo y promotor de humanidad; y es que el Papa, tanto para creyentes como para no creyentes, ha provocado un efecto que estremece a algunos y para otros se convierte en un referente moral, espiritual, pastoral, vocacional y humano.

El Papa sorprende con su lenguaje, con su presencia, con sus caricias y hasta con su sentido del humor; es un hombre que rompe prototipos. Comúnmente deja a un lado los esquemas y se apoya de la espontaneidad, creatividad e innovación de su persona.

El efecto Francisco llega a todos, fascina a propios y extraños. El Papa argentino sí que sabe primerear, es decir, anticiparse, ir adelante, estar primero. Es una persona que primerea en todo: es un hombre con gran profundidad espiritual que vive la oración y que se hace reflejo en su acción; también es un hombre coherente que no tiene doblez. En la mañana temprano lo escuchan predicar sobre el amor a los más necesitados y por la tarde lo ven (de sorpresa) visitando los barrios pobres de Roma; del mismo modo es un hombre de comunión, él no es sin la comunidad, vive y busca hacer Iglesia siempre; en fin es un discípulo-misionero.

Con motivo del IV aniversario de su pontificado se ofrecen, a continuación, cuatro ejes teológico-pastorales fundamentales que han marcado el camino y la identidad que quiere para la Iglesia.

I.               Teología de la misericordia

Misericordia es la palabra más usada por el Papa, no hay discurso en que no la mencione. Es que Francisco no se cansa de hablar de perdón, de ternura, de amor. Siempre hace la invitación a acogerse en los brazos misericordiosos del Padre, que permanentemente está dispuesto a recibir (Lc 15,20).

En el evangelio de Mateo capítulo 25 se encuentra el pasaje más citado por el Papa, las obras de misericordia, las cuales las menciona como el camino seguro para la salvación; para él los pobres son los destinatarios de estas obras, Francisco pone el ejemplo mirando, atendiendo y amando a los invisibles de la sociedad (los pobres).

 

 

II.              Teología del encuentro

Todo nace porque Dios ha salido al encuentro del hombre, por lo tanto, el ser humano es un ser encontrado, iluminado, alimentado por Aquel que nos amó primero (1 Jn 4, 19). Esta es la mayor dignidad de la persona: ser hijo de Dios.

Esta teología es a la vez un arte que consiste en reconocer que no-soy-sólo-yo, es decir, significa tener la capacidad de salir de sí mismo y abrirse a los demás, dialogar con todos. Al Papa se le ve relacionándose con un enfermo en un sanatorio, con niños en la plaza de san Pedro, con jóvenes en las jornadas mundiales de la juventud, con adultos a todas horas y de todas formas (diálogo ecuménico, interreligioso, diplomático, educacional, personal), siempre comunicando, siempre encontrándose con otros.

Encontrarse con la gente es algo, que se podría decir, natural para Francisco. Al mismo tiempo es, también, un deber que ha exigido a sus sacerdotes: pastores con olor a oveja; busca crear una cultura de encuentro, de dialogo, de relaciones fraternas atacando cualquier forma de individualismo que lleve al aislamiento y soledad.

III.            Teología de la alegría

“La alegría del evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús” (EG 1); alegría y vida cristiana son términos que tienen estrecha relación, de Jesús brota la fuente de la alegría del cristiano, por eso el Papa no se cansa de motivar a dar testimonio del Resucitado y no tener cara de pepinillo en vinagre o de funeral.

Proponer una teología de la alegría significa dejar de ser profetas de las calamidades y del terror para convertirse en luz de las naciones (Is 42,6), en otras palabras, dejar de ser máquinas de tristezas para ser “ministros del evangelio que irradien la alegríade Cristo” (EG 10).

IV.            Teología del kerigma (amor)

Para Francisco la jerarquía de valores o de verdades, según el Concilio Vaticano II (UR 11), es un tema de vital importancia donde el orden principal es el amor salvífico de Cristo, y ya después, y sólo después, entran en juego todos los demás temas, sean de moral, espiritualidad, catequesis y todo lo referente a asuntos de fe y costumbres.

El Papa está influenciado por un intenso sello kerigmático, prefiere anunciar el amor de Dios antes que una norma moral, esto no quiere decir que la moral no tenga espacio en su pensamiento, sino que el papel prioritario lo tiene el encuentro de Cristo y el hombre y que éste producirá, a su vez, un deseo en el ser humano de querer corresponder al amor recibido con una vida que tenga como moral o norma el Evangelio. Un evangelio “sine glosa” (EG 271), es decir sin comentarios, con una entrega total.

 

 

Kerigma significa predicar y vivir el amor, éste se convierte en el protagonista de la vida de todo ser humano; la antropología del Papa enseña a poner en el centro a la persona. El pontífice argentino es partidario de la realidad antes que las ideas, se interesa por la vida, por eso invita a acompañar, discernir e integrar la totalidad del hombre para poder vivir el amor de la manera más plena y fecunda según Amoris Laetitia.

 

A manera de conclusión. Francisco es un hombre que vive al ritmo del Espíritu, fiel a su identidad jesuita vive el discernimiento y sólo así observa y juzga la realidad; es el primer Papa después del Concilio Vaticano II que no participó en él, pero sin duda, vive y aplica la reforma que se produjo ahí. Entiende su ministerio como pastor y no como funcionario, hace teología en el pueblo. El Papa Francisco ha traído a la Iglesia un aire nuevo, una nueva primavera.

¡Felicidades! ¡Gracias!

Mane nobiscum Domine

Oscar Loya Terrazas

Teología II

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