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LA ANUNCIACIÓN DEL SEÑOR

Nueve meses antes de la Navidad celebramos la Encarnación del Hijo de Dios, que San Lucas describe en el anuncio del Arcángel Gabriel a la Santísima Virgen, al comunicarle que será la Madre de Dios. María dio su “sí-hágase”, y concibió por obra del Espíritu Santo. Consistiendo a los planes de Dios, ella tomó parte en la Redención. Es costumbre conmemorar este misterio rezando el Ángelus a las doce del día y, en algunos lugares, también a las seis de la mañana y de la tarde.

 

La Anunciación a María inaugura “la plenitud de los tiempos” (Gal 4, 4), es decir, el cumplimiento de las promesas y de los preparativos. María es invitada a concebir aquel en quien habitará “corporalmente la plenitud de la divinidad (Col 2, 9). La respuesta divina a su “¿cómo será esto, puesto que no conozco varón?” se dio mediante el poder del Espíritu. “El Espíritu Santo vendrá sobre ti” (Lc 1, 35).

 

Pidamos a María la fortaleza para aceptar y realizar la voluntad de Dios, pidamos que interceda por nosotros para no atemorizarnos frente al sin sentido y las contrariedades. Somos invitados a anunciar a Jesús, como la respuesta al hombre de hoy, como lo hizo el arcángel Gabriel, como lo hizo Isaías, como el salmista: “Aquí estoy Señor, para hacer tu voluntad.”

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EFECTO FRANCISCO IV Aniversario. Ejes teológico-pastorales de su pontificado.

La Iglesia encuentra en Francisco un pastor auténtico, cercano y amoroso; el mundo lo ve como verdadero líder, hombre de diálogo y promotor de humanidad; y es que el Papa, tanto para creyentes como para no creyentes, ha provocado un efecto que estremece a algunos y para otros se convierte en un referente moral, espiritual, pastoral, vocacional y humano.

El Papa sorprende con su lenguaje, con su presencia, con sus caricias y hasta con su sentido del humor; es un hombre que rompe prototipos. Comúnmente deja a un lado los esquemas y se apoya de la espontaneidad, creatividad e innovación de su persona.

El efecto Francisco llega a todos, fascina a propios y extraños. El Papa argentino sí que sabe primerear, es decir, anticiparse, ir adelante, estar primero. Es una persona que primerea en todo: es un hombre con gran profundidad espiritual que vive la oración y que se hace reflejo en su acción; también es un hombre coherente que no tiene doblez. En la mañana temprano lo escuchan predicar sobre el amor a los más necesitados y por la tarde lo ven (de sorpresa) visitando los barrios pobres de Roma; del mismo modo es un hombre de comunión, él no es sin la comunidad, vive y busca hacer Iglesia siempre; en fin es un discípulo-misionero.

Con motivo del IV aniversario de su pontificado se ofrecen, a continuación, cuatro ejes teológico-pastorales fundamentales que han marcado el camino y la identidad que quiere para la Iglesia.

I.               Teología de la misericordia

Misericordia es la palabra más usada por el Papa, no hay discurso en que no la mencione. Es que Francisco no se cansa de hablar de perdón, de ternura, de amor. Siempre hace la invitación a acogerse en los brazos misericordiosos del Padre, que permanentemente está dispuesto a recibir (Lc 15,20).

En el evangelio de Mateo capítulo 25 se encuentra el pasaje más citado por el Papa, las obras de misericordia, las cuales las menciona como el camino seguro para la salvación; para él los pobres son los destinatarios de estas obras, Francisco pone el ejemplo mirando, atendiendo y amando a los invisibles de la sociedad (los pobres).

 

 

II.              Teología del encuentro

Todo nace porque Dios ha salido al encuentro del hombre, por lo tanto, el ser humano es un ser encontrado, iluminado, alimentado por Aquel que nos amó primero (1 Jn 4, 19). Esta es la mayor dignidad de la persona: ser hijo de Dios.

Esta teología es a la vez un arte que consiste en reconocer que no-soy-sólo-yo, es decir, significa tener la capacidad de salir de sí mismo y abrirse a los demás, dialogar con todos. Al Papa se le ve relacionándose con un enfermo en un sanatorio, con niños en la plaza de san Pedro, con jóvenes en las jornadas mundiales de la juventud, con adultos a todas horas y de todas formas (diálogo ecuménico, interreligioso, diplomático, educacional, personal), siempre comunicando, siempre encontrándose con otros.

Encontrarse con la gente es algo, que se podría decir, natural para Francisco. Al mismo tiempo es, también, un deber que ha exigido a sus sacerdotes: pastores con olor a oveja; busca crear una cultura de encuentro, de dialogo, de relaciones fraternas atacando cualquier forma de individualismo que lleve al aislamiento y soledad.

III.            Teología de la alegría

“La alegría del evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús” (EG 1); alegría y vida cristiana son términos que tienen estrecha relación, de Jesús brota la fuente de la alegría del cristiano, por eso el Papa no se cansa de motivar a dar testimonio del Resucitado y no tener cara de pepinillo en vinagre o de funeral.

Proponer una teología de la alegría significa dejar de ser profetas de las calamidades y del terror para convertirse en luz de las naciones (Is 42,6), en otras palabras, dejar de ser máquinas de tristezas para ser “ministros del evangelio que irradien la alegríade Cristo” (EG 10).

IV.            Teología del kerigma (amor)

Para Francisco la jerarquía de valores o de verdades, según el Concilio Vaticano II (UR 11), es un tema de vital importancia donde el orden principal es el amor salvífico de Cristo, y ya después, y sólo después, entran en juego todos los demás temas, sean de moral, espiritualidad, catequesis y todo lo referente a asuntos de fe y costumbres.

El Papa está influenciado por un intenso sello kerigmático, prefiere anunciar el amor de Dios antes que una norma moral, esto no quiere decir que la moral no tenga espacio en su pensamiento, sino que el papel prioritario lo tiene el encuentro de Cristo y el hombre y que éste producirá, a su vez, un deseo en el ser humano de querer corresponder al amor recibido con una vida que tenga como moral o norma el Evangelio. Un evangelio “sine glosa” (EG 271), es decir sin comentarios, con una entrega total.

 

 

Kerigma significa predicar y vivir el amor, éste se convierte en el protagonista de la vida de todo ser humano; la antropología del Papa enseña a poner en el centro a la persona. El pontífice argentino es partidario de la realidad antes que las ideas, se interesa por la vida, por eso invita a acompañar, discernir e integrar la totalidad del hombre para poder vivir el amor de la manera más plena y fecunda según Amoris Laetitia.

 

A manera de conclusión. Francisco es un hombre que vive al ritmo del Espíritu, fiel a su identidad jesuita vive el discernimiento y sólo así observa y juzga la realidad; es el primer Papa después del Concilio Vaticano II que no participó en él, pero sin duda, vive y aplica la reforma que se produjo ahí. Entiende su ministerio como pastor y no como funcionario, hace teología en el pueblo. El Papa Francisco ha traído a la Iglesia un aire nuevo, una nueva primavera.

¡Felicidades! ¡Gracias!

Mane nobiscum Domine

Oscar Loya Terrazas

Teología II

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MIÉRCOLES DE CENIZA

El miércoles de ceniza es el primer día de la cuaresma. Ésta, preparación para la Pascua, es un tiempo de penitencia y de ayuno, un tiempo en que la Iglesia busca, principalmente, la conversión de nuestro corazón. El fin es seguir fielmente el camino de la cruz que Jesús nos ha marcado.

Históricamente, encontramos las raíces de este día en los judíos, que tenían la costumbre de poner ceniza sobre la cabeza cuando se realizaba algún sacrificio, así como signo de conversión.  Siguiendo ese ritualismo, nosotros también utilizamos las cenizas como expresión de conversión, aunque en nuestro contexto semejante simbolismo adquiere matices más profundos. En el contexto de la fe cristiana,  la ceniza utilizada se obtiene quemando las palmas usadas el Domingo de Ramos del año anterior. Esto nos recuerda que lo que fue signo de gloria pronto se reduce a nada.

Además de tal gesto, son palabras bíblicas las que nos recuerda la cualidad de que la mortalidad reside en nuestrahumanidad: “RECUERDA QUE POLVO ERES Y EN POLVO TE CONVERTIRÁS”. Esta frase,  tomada del Génesis (Gen 3, 19), es un mensaje que además de, evidentemente, hacernos ver lo transitorio de la vida y obligarnos a pensar lo frágiles que somos, nos remite a lo esencial: estamos llamados a la vida eterna, nuestro paso por la Tierra es como un soplo.

Pese a que estos símbolos nos parezcan poseedores de elementos negativos –arrepentimiento, muerte, penitencia-, la realidad es que su trasfondo es marcadamente positivo. Se trata de una honda renovación; de recorrer junto a Jesús el camino hasta llegar a la Pascua de Resurrección, que es el triunfo sobre la muerte, la alegría de la vida eterna.

El Concilio Vaticano II, conocedor de esta situación,  propuso cambiar eltexto, sustituyéndolo por las palabras de Jesucristo: «CONVIÉRTETE Y CREE EN EL EVANGELIO (Mc 1;1,15)»

En este punto, resulta ineludible realizarnos algunas preguntas, que nunca están de sobra: “¿Qué significa convertirse?”, “¿Qué es creer?”, “¿Qué quiere decir Evangelio?”. Sirva, lo siguiente, como esbozo de respuesta.

Convertirse: En el Antiguo Testamento significaba regresar, era un arrepentirse de la vida actual y dar marcha atrás. Un volver al cumplimiento de la ley.

En el Nuevo Testamento, con Jesús,  cambia totalmente el significado, es seguirlo a Él, incluye desde luego el arrepentimiento de las faltas y la penitencia, pero no debe quedar ahí. Significa ver y caminar hacia delante, es aceptar el don gratuito de la salvación que nos ofrece directamente Dios.

El cristianismo no empieza por la ley - a la que respeta, pero que supera y trasciende porque la plenifica y dota de su verdadero sentido- sino por el Amor, por la Gracia, la que se nos da y nos llega por la iniciativa de Dios. El paso, en definitiva, empieza con Él. Después, es elser humano el que acepta la gracia y da su amor al convertirse, volviéndose, así,  el amor un flujo continuo entre Dios y el hombre.

Creer: La Fe es la entrada al nuevo camino; es iniciarlo, permanecer y confiarse; es responder “Sí” a la propuesta de Dios; es entregarse a la Palabra creadora del mundo y a la Verdad; es creer en un solo Dios, en Tres Personas, descubriéndolo en Cristo Jesús.

Evangelio: Evangelio es una palabra de origen griego que significa “Buena Noticia” o “Buena Nueva”. Es la Palabra de Dios, del Dios-Hombre Jesús, inspirada por el Espíritu Santo a los cuatro evangelistas, que narran la vida, los milagros y el mensaje de Jesucristo.

Buena Nueva: Es la nueva y definitiva alianza de Dios con el hombre, enviando a su propio hijo, para nuestra salvación; Es aceptar la invitación a la Felicidad Eterna, es seguir a Jesús, tal como Él mismo nos dijo: «Yo Soy el Camino, la Verdad y la Vida, nadie va al Padre sino es por mí» (Jn. 14, 6).

Quepa aclarar que la ceniza no es un rito mágico, no nos quita nuestros pecados, para ello tenemos el Sacramento de la Reconciliación. La ceniza es un signo de arrepentimiento, de penitencia, pero sobre todo de conversión. Es el inicio del camino de la Cuaresma, para acompañar a Jesús desde su desierto hasta el día de su triunfo sobre la muerte que es el Domingo de Resurrección.

Debe ser un tiempo de reflexión de nuestra vida, de plantearnos a dónde vamos, de analizar cómo es el comportamiento con nuestra familia y, en general, con todos los seres que nos rodean. En estos momentos, al reflexionar sobre nuestra vida, debemos convertirla de ahora en adelante en un seguimiento a Jesús, profundizando en su mensaje de amor y acercándonos en esta Cuaresma al Sacramento de la Reconciliación que, como su nombre mismo nos lo indica, representa reconciliarnos con nosotros mismos, con nuestros semejantes y, finalmente, con Dios. Sin reconciliarnos con nuestro Creador, y convertirnos internamente, no podremos seguirle adecuadamente.

Está Reconciliación, claro está,  queda integrada por el Arrepentimiento, la Confesión de nuestros pecados, la Penitencia y, finalmente,  la Conversión.

La ceremonia de la Ceniza eleva nuestras mentes a la realidad eterna que no pasa jamás, a Dios como principio y fin, como alfa y omega de nuestra existencia. Quede bien claro: la conversión no es, en efecto, sino un volver a Dios, valorando las realidades terrenales bajo la luz de su verdad. Una valoración que implica una conciencia cada vez más clara del hecho de que estamos de paso en este fatigoso itinerario sobre la tierra, y que nos impulsa y estimula a trabajar hasta el final, a fin de que el Reino de Dios se instaure dentro de nosotros y triunfe su justicia.

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LA BELLEZA DEL AMOR

La belleza más grande que podamos encontrar, no podemos hallarla sino en Dios. Es la belleza de un Amor que excede todo lenguaje, la belleza de un Amor que, justamente por traspasar toda frontera humana, es la primera de las bellezas. En una humanidad donde tenemos sed vital por lo bello -¡y lo genuinamente bello, no aquellas propuestas efímeras que encontramos por ahí y al final solo logran acentuar nuestra sed inicial!- conviene tener bien presente lo que ya la profundidad de nuestro ser nos ha expresado de innumerables formas: esa sed que se nos manifiesta con tanta fuerza, es una sed que sólo en el manantial de lo divino puede saciarse. Jesucristo, Dios y hombre verdadero, el Amor mismo hecho ser humano, es el centro de ese manantial,  la fuente definitiva de donde brota todo lo verdaderamente bello.

Celebrar al amor, así, es conducir nuestra alma a semejante oasis, al Amor de los amores. La imagen del salmo 42 se torna, en este punto, ya claramente ineludible: “Como anhela la cierva los arroyos, así te anhela mi ser, Dios mío” (Sal 42, 2). Junto a ella, claramente otras imágenes la acompañan: además de cantar cómo se ve reflejada en la elocuente figura de la cierva, el alma que sabe cómo sólo en su Creador verá colmado su anhelo más íntimo, por ejemplo, canta los primeros versos del salmo 62: “Dios, tú mi Dios, yo te busco, mi ser tiene sed de ti” (Sal 62, 2). Los ejemplos abundan. La conclusión, sin embargo, es la misma. Ésta es que, ante nosotros, se presenta un panorama sublime: en Dios se une quien calma nuestro deseo de belleza y quien calma nuestro deseo de amor. Expresado en una síntesis aún más poderosa, sólo en Dios se forma el binomio que puede dar respuesta a las aspiraciones más apremiantes del espíritu: El Amor como más bella Belleza, la Belleza como Amor más amado.

Es una amalgama preciosa, inmejorable. Tanto es así, que nos faltará vida para cantar su valor infinito. Habrá que hacer nuestras las contundentes palabras de San Juan de la Cruz: “¡Amar eternamente y dar la vida cantando al Amor!” Y es que no podemos sino concordar con el doctor místico, pues si hay algo a lo que sea digno dedicarle las más hermosas melodías, eso es, en definitiva, al Amor. De hecho, como canto incesante, en medio de los ruidos caóticos en que tantas veces pueden envolvernos las dinámicas del mundo, el cristianismo siempre se revelará como fresca y maravillosa novedad; lo hará, precisamente, por aquello mismo que constituye su fundamento: esto es, no sólo el Amor eterno e inconmensurable que un Padre misericordioso,  Dios, nos tiene, o no sólo, tampoco,  que sea un Amor tan grande que se atreva a ir a los rincones más tenebrosos, inhóspitos o vergonzosos de nuestro corazón, sino que Él mismo, en esencia, sea Amor (cfr. 1 Jn, 4, 8). ¡Qué maravilla! Tan magnífico resulta que, de hecho, podemos incluso ir más lejos: es tan grande el fundamento que hay en la religión del amar, nuestro cristianismo, que el límite mismo que nuestro vocabulario nos revela, al enmarcar algo tan grande en la palabra amor, calla ante el excelso misterio de una Persona que va infinitamente más allá de un mero vocablo. Podemos plantearlo así: Dios es Amor, en efecto; y lo es a tal modo, con tan inusitado y rotundo vigor, que definirlo, indudablemente, traspasa con todo poderío el mero hecho de externar que sea Amor. ¡He aquí la belleza mayúscula bajo la cual siempre se iluminarán nuestras almas, una belleza que se nos manifiesta en las innumerables formas que el Amor puede tener!

Que este día, justo tomando en cuenta esas múltiples maneras de revestirse que el Amor tiene, sea la amistad, la familia, el amor de pareja, el amor a los que más sufren, o, sobre todo, el amor a Dios -que, por supuesto, engloba todos éstos- decirnos “¡Feliz Día de San Valentín!”, sea contemplar tan gozosamente la belleza que supone el amor, que ello nos impulse a construir con renovada valentía y compromiso el Reino de Aquel Mismo que es el Amor, el Reino de Dios. Un Reino -¡no lo dudemos nunca!-donde el canto que salvará al mundo, ese canto donde Amor y Belleza son lo mismo, siempre encontrará la forma de hacerse escuchar.

Pablo Martínez

Filosofía I

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La función política

Por. Alejandro Cortés González-Báez

El bienestar de la persona y de la sociedad humana y cristiana está estrechamente ligado a la prosperidad de la comunidad conyugal y familiar. Por eso los cristianos, junto con todos lo que tienen en gran estima a esta comunidad, se alegran sinceramente de los varios medios que permiten hoy a los hombres avanzar en el fomento de esta comunidad de amor y en el respeto a la vida y que ayudan a los esposos y padres en el cumplimiento de su excelsa misión.

El bien común abarca el conjunto de aquellas condiciones de vida social con las cuales los hombres, las familias y las asociaciones pueden lograr con mayor plenitud y facilidad su propia perfección.

Pero son muchos y diferentes los hombres que se encuentran en una comunidad política, y pueden con todo derecho inclinarse hacia soluciones diferentes. A fin de que, por la pluralidad de pareceres, no perezca la comunidad política, es indispensable una autoridad que dirija la acción de todos hacia el bien común no mecánica o despóticamente, sino obrando principalmente como una fuerza moral.

Es, pues, evidente que la comunidad política y la autoridad pública se fundan en la naturaleza humana, y, por lo mismo, pertenecen al orden previsto por Dios, aun cuando la determinación del régimen político y la designación de los gobernantes se dejen a la libre designación de los ciudadanos.

Pero cuando la autoridad pública, rebasando su competencia, oprime a los ciudadanos, éstos no deben rehuir las exigencias objetivas del bien común; les es lícito, sin embargo, defender sus derechos y los de sus conciudadanos contra el abuso de tal autoridad, guardando los límites que señala la ley natural y evangélica.

Es perfectamente conforme con la naturaleza humana que se constituyan estructuras político-jurídicas que ofrezcan a todos los ciudadanos, sin discriminación alguna y con perfección creciente, posibilidades efectivas de tomar parte libre y activamente en la fijación de los fundamentos jurídicos de la comunidad política, en el gobierno de la cosa pública, en la determinación de los campos de acción y de los límites de las diferentes instituciones y en la elección de los gobernantes. Recuerden, por tanto, todos los ciudadanos el derecho y al mismo tiempo el deber que tienen de votar con libertad para promover el bien común.

Reconózcanse, respétense y promuévanse los derechos de las personas, de las familias y de las asociaciones, así como su ejercicio, no menos que los deberes cívicos de cada uno… Cuiden los gobernantes de no entorpecer las asociaciones familiares, sociales o culturales, los cuerpos o las instituciones intermedias, y de no privarlos de su legítima y constructiva acción, que más bien deben promover con libertad y de manera ordenada. Los ciudadanos por su parte, individual o colectivamente, eviten atribuir a la autoridad política todo poder excesivo y no pidan al Estado de manera inoportuna ventajas o favores excesivos, con riesgo de disminuir la responsabilidad de las personas, de las familias y de las agrupaciones sociales. 

Textos de los nn: 47, 74 y 75 de la Gaudium et Spes. Concilio Vaticano II. (7 dic. 1975).

www.padrealejandro.com

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Ideología de Género

Por: Pbro. Alejandro Cortés-Báez.

Desde hace ya varios años hemos estado oyendo, y leyendo, cómo muchos organismos y grupos —desde fuera y dentro de nuestro país— han estado promoviendo una serie de conceptos bajo el título de “Ideología de Género”. 

Algunos piensan que aceptar a las personas con tendencias hacia su mismo sexo obliga a reconocer que las relaciones entre ellas deban ser consideradas como matrimonios, y no es así. Lo que siempre se deberá evitar es maltratar a dichas personas por sus preferencias sexuales; discriminarlas en los ambientes laborales y sociales. Toda persona merece ser respetada en sus ideas, trabajos y sentimientos mientras no vayan contra el bien común y de acuerdo a las leyes justas. 

Está claro que los legisladores no pueden cambiar el rumbo de los huracanes que llegan a nuestro territorio, ni tienen jurisdicción de cambiarles a los perros sus ladridos por maullidos, ni los colores de las aves que pueblan o pasan por México.

Hay temas que dependen de la Naturaleza y no de las decisiones humanas, y uno de ellos —que no es de poca importancia— es el de equiparar la convivencia de personas del mismo sexo con los matrimonios constituidos por un esposo hombre y una esposa mujer.

Los hombres somos hombres y las mujeres son mujeres. Sé que en algunas naciones afirmar esto puede llevar a una persona a la cárcel. Me parece que si esto se diera aquí, tendríamos un gravísimo problema de sobre-población en todas las prisiones del país, (como si todavía no lo tuviéramos). 

Es un gran error aprobar leyes que podrían causar desórdenes humanos de muy graves consecuencias para los hijos. Nuestra nación requiere que unamos esfuerzos en una sana convivencia de respeto entre nosotros, y todo esto dentro de un profundo respeto al orden natural.

Sé que estoy fuera de lo “políticamente correcto”, pero la verdad es que, ese tipo de política no me convence. No estoy de acuerdo en tratar de quedar bien con quién sabe quién, traicionando lo que la razón y la experiencia nos enseñan. ESTE TEMA ES 100% ECOLÓGICO (de respeto a la Naturaleza), NO SENTIMENTAL.

Tampoco entiendo que afirmar esto sea equiparable a fomentar elodio a las personas con tendencias homosexuales. ESTO ES UNA AUTÉNTICA FALACIA MANEJADA A PROPÓSITO. Al afirmar esto, simplemente estoy haciendo uso del derecho de expresión, como cualquier ciudadano puede hacerlo, de acuerdo a lo que las leyes reconocen, pues no estoy ofendiendo a nadie.

En mi caso concreto, ni odio, ni promuevo las agresiones hacia estas personas. Quienes me conocen, saben bien que —con mis palabras y mis actos— estoy en contra de la violencia, pero aquí y ahora, me ubico, con claridad, a favor de la Naturaleza, del matrimonio y de la familia. 

Todos sabemos que este es un buen momento para trabajar en serio en la protección de México, como lo están reclamando —con toda justicia— un sinnúmero de voces de la sociedad civil. 

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Superstición

En la actualidad existen una gran diversidad de propuestas, ideologías y filosofías que pretenden apartarnos del camino de Dios, buscan oscurecer nuestro pensamiento y nuestra reflexión con falsas y absurdas novedades para desviar de nuestra atención al Dios verdadero; esto, con el único propósito de lograr que las tinieblas envuelvan la Tierra. Uno de los caminos que se nos ofrece en la cultura contemporánea es el de la superstición, la cual, la podemos definir de la siguiente manera: es una forma equivocada de expresar la fe, confiando en objetos, palabras o fuerzas imaginarias como si fueran Dios o tuvieran el poder de obligar a Dios a conceder algo. Es un tenebroso viento que arrastra a los seres humanos hacia notas agonizantes, encerrándolo en sus propios deseos y caprichos y haciéndolo olvidar que ha sido hecho a imagen de Dios para buscar en los designios divinos la plenitud de su vida. Por esta razón, es malo el uso de amuletos, talismanes, cartas en cadena, etc. A continuación vamos a definir cada uno de los términos anteriores. El amuleto es un consejero fantasmal, es un objeto (por ejemplo, la piedra imán que se usa para protegerse contra fuerzas enemigas), el talismán es un esqueleto errante, un objeto (herradura, mascota, etc.), que se usa para traer buena suerte o las “buenas vibras”. Las cartas en cadena tienen su lugar cuando la persona tiene que hacer tantas copias como se le indique y enviarlas a sus amigos y conocidos; así podrá obtener el favor tanto esperado. De otra manera se amenazan con diversos castigos, como hacer de la persona que no lo cumple una página siniestra.[1] 

Por su parte, la Iglesia católica a través del Catecismo, nos da la siguiente definición: la superstición es la desviación del sentimiento religioso y de las prácticas que impone. Puede afectar también al culto que damos al verdadero Dios, por ejemplo, cuando se atribuye una importancia, de algún modo, mágica a ciertas prácticas, por otra parte, legítimas o necesarias. Atribuir su eficacia a la sola materialidad de las oraciones o de los signos sacramentales, prescindiendo de las disposiciones interiores que exigen es caer en la superstición.[2] Con el mandamiento «no tendrás otro Dios fuera de mí» (Ex 20,2) se prohíbe, entre otras cosas, la superstición, que es una desviación del culto debido al Dios verdadero, y que se expresa también bajo formas de adivinación, magia, brujería y espiritismo.[3] El primer mandamiento prohíbe honrar a los dioses distintos del único Señor que se ha revelado a su pueblo. Proscribe la superstición y la irreligión. La superstición representa en cierta manera una perversión, por exceso, de la religión. La irreligión es un vicio opuesto por defecto de la virtud de la religión.[4]

Vamos ahora a hablar acerca de la adivinación, la astrología, el horóscopo y del espiritismo como algunas de las muchas formas de superstición. La adivinación, tiene lugar cuando las preocupaciones, problemas y vicisitudes de la vida cotidiana llevan a las personas a desear conocer el futuro, a saber qué pasará, con el objetivo de hacer frente a los desafíos que se le presentan. Pero eso no es normal ni sano; es un horror ancestral, una mancha de fiebre que muestra un déficit en la confianza en la Providencia Divina. Existen un sinnúmero de prácticas adivinatorias del futuro, vamos a citar algunas: alectoromancia (gallo que lee mensajes en granos), astragalomancia (huesos de pies), axinomancia (figuras con hacha en madera), cartomancia (tarot), causimancia (fuego), coscinomancia (harina y cenizas de muerto), dactilomancia (huellas dactilares), dafnomancia (hojas de laurel en el fuego), geomancia (figuras geométricas en el suelo), grafología (escritura), libanomancia (humo de incienso), necromancia (espíritus de los muertos), nigromancia (magia negra), sólo por mencionar algunas.[5]

La astrología quiere ser un método adivinatorio que pretende encontrar respuestas, adelantarse a los acontecimientos y explicar el significado de los mismos por medio del movimiento y posición de los astros en el universo. Considera que los planetas tienen una influencia decisiva sobre el comportamiento del ser humano y no faltan personas que, poseedores de una fiebre ética, afirman que la astrología es una ciencia y debido a esto viven circunscritos a ella. Los seguidores de la astrología afirman que ésta se divide en dos grandes clases, dos grandes corales por los cuales los hombres ofrecen sus vidas: la occidental (con doce signos) y la oriental (con doce signos o animales). Cabe resaltar que los profetas del Antiguo Testamento condenaron la adoración a los planetas. Moisés reprende al pueblo cuando adoró al becerro de oro (dios astrológico Taurus); Jeremías rechazó la adoración a la luna (7, 18); Isaías advirtió de calamidades al rey de Israel por consultar a los astrólogos (47, 11-14), y Ezequiel condenó a los hombres de Israel por adorar al sol (8, 16).[6]  No debemos olvidar que la masa cósmica de la que la astrología afirma ser dueña y señora, es un conjunto de estrellas, algunas de ellas más grandes que el sol de nuestro sistema, cabe señalar que nuestro sol es una estrella que se considera está en su punto medio de vida. Algunas de estas estrellas se encuentran a una distancia inimaginable de nuestro planeta, las cuales ya se extinguieron dando un eco de plegarias, sin embargo, podemos seguir admirando su llameante caudal de luz porque ésta viaja a través del espacio.

En torno al horóscopo, un artículo de la revista Quadrant, realizado en mayo de 1999, cuyo autor fue Harry Edwards, muestra cómo en un mismo día en un signo del zodiaco existen muchas diferencias entre los horóscopos, debido a que los que los elaboran no se ponen de acuerdo entre ellos, ocurre lo mismo con la interpretación de sueños, lo que demuestra que la astrología no se basa en un método objetivo, sino en puntos antagónicos que pululan en el aire. Y en cuanto a los análisis personales que se pueden pedir a un astrólogo, Edwards señala que son tan genéricos y ambiguos como nubes esbozando figuras sobre la extensión del cielo, que se pueden extraer de ellos las conclusiones que cada uno quiera, algo así como un vuelo invisible de palomas. Al respecto, resulta muy interesante un experimento realizado en Francia en 1979 por Michel Guaquelin, el cual, colocó en el periódico un anuncio ofreciendo un horóscopo gratis. Lo único que pidió fue que los que lo recibieran contestaran para decir si el análisis había resultado cierto o no. De las primeras 150 respuestas, el 94% de la gente declaró que el horóscopo describía bien su carácter y que el 90% de sus amigos y familiares concordaron con el análisis. Lo que sucedió realmente fue que Guaquelin había enviado a todos el mismo contenido del horóscopo de un asesino que fue ejecutado en 1946 por haber privado de la vida a 27 personas. Pese a lo anterior, en México, según una encuesta realizada por el INEGI y el CONACYT, seis de cada diez mexicanos piensan que la astrología es una ciencia y cuatro de cada diez consultan sistemáticamente su horóscopo o una carta astral y tienen un número de la suerte.[7]

Ahora es el turno del espiritismo, el cual, consiste en la creencia de la existencia de los espíritus y en la posibilidad, de parte de los seres vivos, de comunicarse con ellos. Las formas de comunicación varían, siendo las más usadas la ouija, la santería y el vudú. El espiritismo adquirió interés luego de que, en 1849, las hermanas adolescentes Fox escucharon que una mesa en su casa «crujía» fuertemente, ruido que interpretaron como un mensaje, quizá de un hombre que había sido asesinado en su casa y continuaron la práctica de conjurar espíritus. Al enfocarnos en el espiritismo moderno advertimos que existe mucha confusión entre los fieles católicos al suponer que la comunicación con los seres queridos vía médium es posible y no tiene problema alguno, al respecto encontramos en el Catecismo de la Iglesia Católica en el número 2117 lo siguiente: «…el espiritismo implica con frecuencia prácticas adivinatorias o mágicas. Por eso la Iglesia advierte a los fieles que se guarden de él. El recurso a las medicinas llamadas tradicionales no legitima ni la invocación de las potencias malignas, ni la explotación de la credulidad del prójimo.» En efecto, la doctrina católica nos enseña que las personas al morir, una sola vez (Hb 9,27), van al cielo, al purgatorio o al infierno (Mt 25-46). La comunicación con los muertos es peligrosa, no así la oración y comunión, sacrificios, misas, etc., que hacemos a Dios por los difuntos. La súplica de intercesión por los difuntos es conveniente y recomendable para el descanso eterno del alma.[8]

Como conclusión, me permito citar las palabras de Juan Pablo II ante los obispos de Togo que le visitaron en Roma: «La ignorancia en el campo religioso es aprovechada frecuentemente por grupos esotéricos o por sectas para atraer a los fieles poco arraigados en su fe.» Y en otro momento dijo: «a todos quiero recordar un principio fundamental de la fe: antes y por encima de nuestros programas, hay un misterio de amor, que nos envuelve y nos guía: es el misterio del amor de Dios…Si queremos plantearnos bien la vida, tenemos que aprender a descifrar su designio, leyendo el misterioso lenguaje de señales que Él mismo nos pone en nuestra historia cotidiana. Para alcanzar este objetivo no hacen falta horóscopos ni previsiones mágicas. Hace falta más bien oración, una oración auténtica, que va acompañada siempre por una opción de vida conforme con la ley de Dios. Nadie mejor que el Espíritu Santo conoce nuestro futuro y es capaz de orientar nuestros pasos hacia la justa dirección.»[9]

[1] Cfr. P. F., Amatulli, FMAP, La Iglesia Católica y las Sectas, Apóstoles de la Palabra, México, 2007, 110.

[2] Catecismo de la Iglesia Católica, 2111.

[3] Compendio Catecismo de la Iglesia Católica, 445.

[4] Catecismo de la Iglesia Católica, 2110.

[5] Cfr. J., Duarte, Nueva Era vs. Buena Nueva, México, 2007, 212.

[6] Cfr. Ibidem, 208-209.

[7] Cfr. Ibidem, 210-211.

[8] Ibidem, 221-223.

[9] Ibidem, 210.

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Permiso para jugar

¿Recuerdas cuánto tiempo ha pasado desde que dejaste de ser un niño? ¿Cuál es tu experiencia de haber sido niño, qué ha significado para ti? Por favor, tómate un momentito para pensarlo. ¿Qué diferencias encuentras entre el niño o la niña que fuiste y la persona que eres ahora? ¿cuánto consideras que has cambiado? ¿te encuentras ya muy lejos de parecerte a aquel niño?

Yo en lo personal, siento que muchas veces me olvido del niño que hace no mucho tiempo fui; y realmente pienso que es necesario recordar que alguna vez fuimos niños, recordemos esa etapa de nuestras vidas en que todo era felicidad y soñar despiertos. Si intentáramos adoptar esas actitudes en nuestra mentalidad de adultos, este mundo dominado por adultos, sería más feliz.

A mí me gusta pensar la vida como un juego, un juego que no se tiene que ganar. Y de verdad veo así la vida, como una oportunidad de jugar, de ser feliz, de ser libre, de ser niño. Me parece fascinante esa actitud ante la vida, ¿lo has pensado? Ellos muchas veces no piden nada de lo que tienen en sus vidas; y, sin embargo, les llega mucho, bueno o malo; y así como sea, ellos lo aceptan y viven con ello. No se preocupan por el futuro, ni por lo que ya ha pasado; ellos viven siempre en el presente.

Hay muchas cosas en la vida de un niño, cosas que, de alguna manera, forman su realidad, una realidad que, por quién sabe quién o qué, le es impuesta. El niño, sin protestar ni renegar, e incluso con alegría, asume esa realidad, la hace propia, y entonces se da el permiso de jugar con y en ella.

Dentro de esa realidad, sea cual sea, el niño disfruta, ríe, se divierte, corre, explora, pregunta y… ¿llora? ¿se enoja?... ¿por qué?... El niño experimenta estos sentimientos cuando el adulto, que en muuuchas ocasiones se le olvida que alguna vez fue pequeño, quiere intervenir en esa realidad e intenta hacerla a su manera. Entonces el niño se enoja, se frustra y llora; llora de impotencia, sufre por no saber qué hacer, y no puede hacer mucho. Al niño se le pide ser, poco a poco, más como adulto y se le impide jugar, ser más él.

¿Será que hemos crecido muy rápido y que ya no recordamos cómo fue vivir todo eso? ¿en qué momento nos hemos olvidado de jugar?, o más bien, ¿cuándo empezamos a creer que jugar es sólo cosa de pequeños y no de “gente grande”.

¿En qué momento de nuestras vidas dejamos de darnos el permiso de jugar? Tal vez nos pase que nos convertimos en ese adulto que no nos deja vivir como nos gustaba en nuestra realidad, jugar con ella. Hemos dejado de lado los modos y la visión de niño. Que hemos madurado, sí, y eso es muy bueno; pero ya no nos damos la oportunidad de alegrarnos como antes, como cuando éramos niños.

¿Te has fijado que “los grandes” pasamos gran parte de nuestro tiempo juzgando y calculando todo lo que está mal en el exterior, siempre comparando, categorizando y quejándonos de todo y de todos? ¿por qué nos complicamos tanto?

Necesitamos darnos el permiso de jugar en nuestra vida. Darnos el permiso de disfrutar, de reír, divertirnos, correr, explorar, preguntar, de sentir, de ser feliz, de poner atención a las palabras de Jesús: “les aseguro que, si ustedes no vuelven a ser como niños, de ningún modo entrarán en el Reino de los cielos…” (Mt. 18, 3). Permitámonos ser de nuevo como niños. No infantiles, sino simples, sencillos, alegres, soñadores, curiosos, confiados, despreocupados. Pidámonos permiso para jugar. 

David Zubía, Filosofía II.

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¿Qué tiene que ver el León con San Marcos Evangelista?

A San Marcos se le representa como un león alado en relación a uno de los cuatro seres vivientes del Apocalipsis. Hay quienes consideran que esto se debe a que el Evangelio de San Marcos inicia con Juan Bautista clamando en el desierto, a modo de un león que ruge.

“Como está escrito en el profeta Isaías: He aquí, yo envió mi mensajero delante de tu faz, el cual preparara tu camino. Voz del que clama en el desierto: preparad el camino del señor, haced derechas sus sendas.

Juan el Bautista apareció en el desierto predicando el bautismo de arrepentimiento para el perdón de pecados.” Mc. 1, 2-4.

Su figura es el león alado, representa la resurrección. También establece la dignidad real de Cristo y de su poder que reside sobre la muerte. El león fue aceptado en los primeros tiempos como un símbolo de resurrección, debido a que los cachorros de león nacen pequeños inmóviles y con sus ojos cerrados durante los primeros días, hay un mito de que los cachorros de león nacen muertos, pero vienen a la vida después de tres días. Esto recuerda a los cristianos de la Resurrección. Otra idea es que los leones duermen con los ojos abiertos, por lo que los símbolos de vigilancia. El hecho es que los leones cierran sus ojos cuando van a dormir. Al igual que otros felinos, su sueño dura en promedio 14 horas al día, por lo que sus ojos se abren y se cierran lo que deriva a través de varios niveles de sueño. Las alas del león de San Marcos implican la resurrección de Cristo.

Mark_The Lion of_CARPACCIO, Vittore.jpg

Con frecuencia el libro sostenido por el León de San Marcos se asocia, por error, al Evangelio escrito por este santo. En realidad, en la mayor de las representaciones del león, los símbolos venecianos, aparece escrita en el libro la siguiente expresión latina: "PAX TIBI MARCO EVANGELISTA MEVS", extraída de la cita "Pax tibi Marce, meus evangelista. Hic requiescet corpus tuum." ("La paz sea contigo Marcos, mi evangelista. Aquí tu cuerpo va a descansar"), tradición veneciana en la que se narra que un ángel anunció al evangelista, cuando se encontraba en la laguna de Venecia, que algún día su cuerpo descansaría y sería venerado allí.

            Helder Hernández Montoya, Filosofía III

 

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MINISTERIOS LAICALES

El proceso de maduración del compromiso vocacional ante la Iglesia, el orden al Diaconado y el Presbiterado, tiene como elementos particularmente significativos el rito de admisión como candidatos a las ordenes sagradas y la institución de los ministerios laicales del lectorado y del acolitado; y como culmen, la recepción de las sagradas órdenes. Para esto, cada seminarista ha de prepararse con el mayor empeño y seriedad, en un clima de oración y discernimiento, con la dirección y aprobación de sus formadores, especialmente de su director espiritual, del rector y de su propio Obispo diocesano.

La comunidad del seminario, junto con la comunidad parroquial y la familia, deberá ayudar a discernir la idoneidad del candidato, en especial, tratando de corroborar que, al solicitar los ministerios y las órdenes sagradas, actúa con completa libertad y un grado suficiente de transparencia, y posee rectitud de intención, y apoyarlo con su cercanía y oración (NBOBEFSM 274-275).

La Iglesia instituyó ya en tiempos antiquísimos algunos ministerios para dar debidamente a Dios el culto sagrado y para el servicio del Pueblo de Dios, según sus necesidades; con ellos se encomendaba a los fieles, para que las ejercieran, funciones litúrgico-religiosas y de caridad, en conformidad con las diversas circunstancias. Durante la preparación del Concilio Ecuménico Vaticano II, no pocos Pastores de la Iglesia pidieron la revisión de las Órdenes menores y del Subdiaconado.

Los ministerios que deben ser mantenidos en toda la Iglesia Latina, adaptándolos a las necesidades actuales, son dos, a saber: el de Lector y el de Acólito. Las funciones que eran desempeñadas por el Subdiácono, quedan confiadas al Lector y al Acólito; deja de existir por tanto en la Iglesia Latina el Orden mayor del Subdiaconado. No obsta sin embargo el que, en algunos sitios, a juicio de las Conferencias Episcopales, el Acólito pueda ser llamado también Subdiácono.

El Lector queda instituido para la función, que le es propia, de leer la palabra de Dios en la asamblea litúrgica. Por lo cual proclamará las lecturas de la Sagrada Escritura, pero no el Evangelio, en la Misa y en las demás celebraciones sagradas; faltando el salmista, recitará el Salmo interleccional; proclamará las intenciones de la Oración Universal de los fieles, cuando no haya a disposición diácono o cantor; dirigirá el canto y la participación del pueblo fiel; instruirá a los fieles para recibir dignamente los Sacramentos. También podrá, cuando sea necesario, encargarse de la preparación de otros fieles a quienes se encomiende temporalmente la lectura de la Sagrada Escritura en los actos litúrgicos. Para realizar mejor y más perfectamente estas funciones, medite con asiduidad la Sagrada Escritura.

El Lector, consciente de la responsabilidad adquirida, procure con todo empeño y ponga los medios aptos para conseguir cada día más plenamente el suave y vivo amor, así como el conocimiento de la Sagrada Escritura, para llegar a ser más perfecto discípulo del Señor.

El Acólito queda instituido para ayudar al diácono y prestar su servicio al sacerdote. Es propio de él cuidar el ser-vicio del altar, asistir al diácono y al sacerdote en las funciones litúrgicas, principalmente en la celebración de la Misa; además distribuir, como ministro extraordinario, la Sagrada Comunión cuando faltan los ministros de que habla el c. 845 del C. I. C. o están imposibilitados por enfermedad, avanzada edad o ministerio pastoral, o también cuando el número de fieles que se acerca a la Sagrada Mesa es tan elevado que se alargaría demasiado la Misa. En las mismas circunstancias especiales se le podrá encargar que exponga públicamente a la adoración de los fieles el Sacramento de la Sagrada Eucaristía y hacer después la reserva; pero no que bendiga al pueblo. Podrá también cuando sea necesario cuidar de la instrucción de los demás fieles, que por encargo temporal ayudan al sacerdote o al diácono en los actos litúrgicos llevando el misal, la cruz, las velas, etc., o realizando otras funciones semejantes. Todas estas funciones las ejercerá más dignamente participando con piedad cada día más ardiente en la Sagrada Eucaristía, alimentándose de ella y adquiriendo un más profundo conocimiento de la misma.

El Acólito, destinado de modo particular al servicio del altar, aprenda todo aquello que pertenece al culto público divino y trate de captar su sentido íntimo y espiritual; de forma que se ofrezca diariamente a sí mismo a Dios, siendo para todos un ejemplo de seriedad y devoción en el templo sagrado y además, con sincero amor, se sienta cercano al Cuerpo Místico de Cristo o Pueblo de Dios, especialmente a los necesitados y enfermos (Carta Apostólica: Ministeria Quaedam).

La institución de Lector y de Acólito, según la venerable tradición de la Iglesia, se reserva a los varones. Para que alguien pueda ser admitido a estos ministerios se requiere:

a.      Discernimiento orante del seminarista sobre la pertenencia de solicitar la admisión como candidato a las órdenes sagradas, los ministerios laicales o las sagradas ordenes, y la consulta a sus formadores, especialmente a su director espiritual.

b.      Solicitud manuscrita del seminarista, dirigida al obispo diocesano, a través del rector.

c.       Consulta del rector a la comunidad del seminario y, en caso de órdenes sagradas, del Obispo a la comunidad parroquial. 

d.      Escrutinios del equipo formador, habiendo consultado a personas cercanas que conozcan al candidato.

e.      Presentación del informe por parte del rector al Obispo diocesano, junto con la correspondiente documentación del candidato.

f.        Consulta al correspondiente Consejo de Órdenes y Ministerios.

g.      Respuesta por escrito del Obispo diocesano al candidato. También el Obispo hará saber su resolución al rector y, a través de éste, a la comunidad del seminario (NBOBEFSM 274-275).

Los ministerios son conferidos por el Obispo mediante el rito litúrgico «De Institutione Lectoris» y «De Institutione Acolythi», aprobado por la Sede Apostólica.

Deben observarse los intersticios, determinados por la Santa Sede o las Conferencias Episcopales, entre la colación del ministerio del Lectorado y del Acolitado, cuando a las mismas personas se confiere más de un ministerio.

Los candidatos al Diaconado y al Sacerdocio deben recibir, si no los recibieron ya, los ministerios de Lector y Acólito y ejercerlos por un tiempo conveniente para prepararse mejor a los futuros servicios de la Palabra y del Altar. Para los mismos candidatos, la dispensa de recibir los ministerios queda reservada a la Santa Sede (Carta Apostólica: Ministeria Quaedam).

 

 

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ORIGEN DEL SEMINARIO

La Iglesia como institución viva y vivificada por el Espíritu Santo, tiene la capacidad de ser fecunda; de esta manera, ve nacer a sus hijos por medio del Bautismo, los alimenta con la Eucaristía, los regenera a la vida de gracia por la Reconciliación, los fortalece con la Confirmación, les auxilia en los últimos momentos de la vida por la Unción, y de una manera especial los llama y capacita para vivir un estado de vida, sea en el Matrimonio, sea en el Ministerio Sacerdotal. Todo sacramento necesita una preparación particular: para unos se necesitan platicas previas, otros examen de conciencia, otros como el matrimonio les antecede el noviazgo, y por fin, para ser sacerdote es necesario haber recorrido ocho años en promedio dentro del Seminario. Pero ¿de dónde o desde cuándo existen los seminarios? Podemos afirmar que, a grandes rasgos, los seminarios existen desde el tiempodel ministerio público de Jesús cuando,  él mismo llamó a los discípulos para que estuvieran con él (Mc 3, 14). Más en particular, los seminarios tal y como los conocemos ahora tienen su origen en el Concilio de Trento (El Concilio de Trento fue un concilio ecuménico de la Iglesia Católica Romana desarrollado en periodos discontinuos durante 25 sesiones, entre el año 1545 y el 1563. Tuvo lugar en Trento, una ciudad del norte de la Italia actual). Es en la sesión 23 donde se formula el decreto sobre los seminarios. Hay que tener en cuenta, que la necesidad de los seminarios, obedece a la preocupación de la Iglesia por consolidar sacerdotes idóneos, que cumplan con exigencias concretas al servicio de la cura pastoral: Se exige la recta intención, el ejemplo de vida, la formación doctrinal, la castidad perfecta. En resumen, los candidatos al sacerdocio deben ser idóneos para enseñar la verdad que todos deben saber para salvarse, y para administrar los sacramentos, dando pruebas de auténtica piedad, castidad y buen ejemplo. Tal vez tú has venido en alguna ocasión al Seminario de Chihuahua y te has dado cuenta de que existen dos edificios (el Menor y el Mayor), o has advertido que se acaba de construir unas nuevas instalaciones a lasque se les conoce como “Introductorio”. En pocas palabras: el seminario es la casa de formación, donde jóvenes que han terminado la preparatoria, atendiendo libremente a un llamado personal de parte de Dios, ingresan a un proceso de formación con vistas a ser sacerdotes diocesanos. Para ello tienen que cursar un periodo de ocho años estructurados de la siguiente manera: a) Introductorio (1er año); b) Filosofía (2º, 3º  y 4º  años) y; c) Teología (5º, 6º, 7º  y 8º años). Antes del Concilio de Trento ya existían casas de formación para preparar sacerdotes, sin embargo estos eran pocas, de tal manera que el gran acierto del Concilio de Trento es instituir un seminario en cada una de las Diócesis para hacerlas autosustentables en cuanto al clero. Les seguimos invitando a orar por las vocaciones sacerdotales en especial por los Seminaristas de nuestra Arquidiócesis de Chihuahua.  

Serafín González Chavira, Teología III

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HABLANDO DE LOS MATACHINES

Antecedente

Como antecedente más antiguo encontramos a los bufones, la corte italiana fue la primera en tener bufones; los bufones ocuparon un lugar especial en la historia medieval. Ellos eran considerados "privilegiados" en la corte, elegidos por su sentido del humor o su sentido del absurdo para dar entretenimiento al rey y a la realeza;  tenían destreza en acrobacias, malabarismos y otros juegos, los cuales fueron sus características principales.

Cuando los colonizadores llegaron a Mesoamérica y observaron a los indios Chichimecas hacer sus rituales, sus atuendos llenos de colores e instrumentos, inmediatamente los asociaron con estos personajes llamándolos mattaccinos.

Es muy común que la mayoría de los mexicanos piensan que la palabra matachín tiene como raíz el Náhuatl, pero esto no es así. La palabra matachín procede del italiano mattaccino y quiere decir payaso/bufón. Por lo cual su raíz prehispánica es nula.

La danza ha sido siempre parte de la vida del Hombre, pero se ha escrito muy poco en relación a esto. Algunos historiadores afirman incluso que la danza es anterior al mismo Hombre, pues en los animales la danza parece innata al hacer actividades como cortejar a la pareja, ir de caza y, en algunos, como ritual de apareamiento. 

Era un sábado por la tarde, cuando los indios habían terminado sus quehaceres en el campo, cuando de pronto uno de la tribu comenzó a imitar a un pájaro que realizaba el ritual de apareamiento, a los que estaban con él les pareció gracioso e inmediatamente se unieron a aquél que había iniciado a bailar como el ave,  de pronto se empezaron a escuchar percusiones hechos por los mismos pies y apoyados de troncos y otros objetos naturales. ¡Inmediatamente aquí nació la danza! Al terminar de jugar se percataron que calló lluvia con una magnitud distinta a lo común, y fue allí donde asociaron la danza como un ritual para pedir al Ser Supremo favores y bendiciones”.

Los indios creían en muchos dioses y a ellos dedicaban su esfuerzo físico, sus atuendos e incluso hasta sus propias vidas. Los evangelizadores cristianos encausaron a los indios a realizar estos rituales como un culto hacia el Dios revelado por Jesucristo, teniendo por resultado una inculturación muy atractivadel Evangelio.

A tan solo diez años de la llegada de los colonizadores, Dios mismo envió una mensajera predilecta: La Virgen María. La imagen estampada en la tilma del indio Juan Diego fue un verdadero códice para interpretar a María de Guadalupe como la Madre del verdadero Dios por quien se vive. Gracias a este suceso inmediatamente miles de indígenas se convirtieron al cristianismo.

El significado

El danzar de los matachines no es la presentación de algúnballet folklórico o academia de danza autóctona. Hoy los matachines, al igual que los indígenas, ofrecen sus atuendos, sus pasos y sobre todo su esfuerzo físico al único Dios verdadero que la Virgen María vino a revelarnos.

Los indios chichimecas danzaban en cuadrillas y adornaban sus cuerpos con carrizos y algunos otros elementos naturales. Pintaban sus cuerpos regularmente con sangre de sus víctimas o a falta de sangre lo hacían con arcilla u otros colorantes naturales, de allí vienen las nagüillas rojas.

Los matachines portan en la mano derecha un guaje que agitan constantemente con el cual simbolizan “tocar la puerta de la presencia de Dios”, mientras que en la izquierda llevan el arco y la flecha que simboliza las características de las tribus chichimecas, las cuales eran nómadas y cazaban para alimentarse.

El estandarte es la presencia visible de Dios y es también un altar portátil, el cual va dirigiendo el camino y cuantos lo siguen confiesan una sola creencia: que Jesucristo es su Dios y Señor. Es por eso que ellos se hincan frente al estandarte. Las vueltas representan la omnipresencia de Dios Uno y Trino.

No solo es el movimiento de sus cuerpos sino también oración, los danzantes oran y elevan plegarias al ejecutar los sones o los “juegos” que parodian algunas actividades, como las guerras, cacería, etc.

Al terminar la danza se retrocede y se gira sobre sí a la derecha y a la izquierda simulando la rotación de la tierra y, enseguida, vueltas en forma de “ocho” representando la traslación que hace la Tierra alrededor del Sol.  Todo esto enacción de gracias por todos los beneficios otorgados las 24 horas del día y los 365 días del año, para finalmente caer de rodillas y concluir la danza.

El compromiso de vida

Al danzar por las calles, el matachín es al mismo tiempo evangelizador pues evoca a Jesucristo y su Iglesia. Por lo tanto el compromiso de vida del matachín tendrá que ser distinguida y llena de compromiso. Es inminente que se tenga la debida formación cristiana.

La vida del matachín tendrá que reflejar a Cristo, con una vida plenamente en comunión con él; una evangelización fundamental, que le ayude a comprender más y mejor la fe que se vive desde distintos puntos de vista.

El culmen de la peregrinación es la Eucaristía, por lo tanto tendrá que ser ésta el centro de todo danzante, una vida en gracia con Jesús para alimentarse de su Palabra, su Cuerpo y su Sangre.

Tengan siempre en cuenta que la roca angular de nuestras danzas es siempre Jesucristo, nuestro Dios y Señor y evitar caer en una idolatría para conla Virgen de Guadalupe o el santo patrono de la danza quitándole el lugar principal a Jesucristo.

Hagamos pues que nuestra vida se asemeje a las danzas; que la armonía que reflejamos a la hora de danzar, se refleje también en nuestro vivir cristiano, teniendo una combinación entre el danzar, el vivir y el orar.

 

Luis Fernando Riojas Durán

Filosofía III

En colaboración con Luis Raúl Young Rosas.

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