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Instrucciones para pasar unas vacaciones realmente amargas.

Ahora que mis alumnos se preparan para este tiempo vacacional, se me ocurren algunas recomendaciones:

1. Imita a los pájaros “pecho amarillo”. Únete a la bandada migratoria más numerosa que te encuentres, y huye de todo, menos de la multitud. Recuerda que mayoría no se equivoca jamás y tu debes hacer lo que ella haga. No renuncies al placer del atasco y del amontonamiento. ¿Por qué renunciar al entrañable olorcillo de la masa?

2. Se fuerte. Que nadie te aparte de tu firmísimo propósito de no hacer nada hasta abril. Sigue el ejemplo del podargo australiano, el ave más perezosa del planeta, que no se mueve ni para comer: solo se tumba sobre una rama, abre su inmensa boca, y se deja alimentar por los insectos suicidas, que entran hasta su estomago para satisfacer su curiosidad. Tu igual: tirate en la playa con tu bolsa de ruffles y mimetízate en la arena.

3. Aíslate. Nada mejor que insertarte en una buena multitud para lograrlo sin esfuerzo. Tápate los oídos con los audífonos del iPod, y disfruta el masaje a tus tímpanos que te produce el estruendo de la música a tope. Ah y no te olvides de tus videojuegos favoritos.

4. No leas nada. No aprendas nada. Deja tu cerebro en “modo avión” durante todas las vacaciones. Con un poco de suerte y logras una atrofia total e irreversible que justifique que dejes la escuela.

5. Acapara el mayor número de películas y videos: menos de trescientos sería peligroso, pues podrías ceder a la perniciosa tentación de hacer un poco de deporte o, lo que es peor, de leer un libro.

6. Despiértate tarde. Piensa que, entre más duermas, más corto será el tormento de las vacaciones. Ojalá pudiéramos lograr el modo zombie todo el tiempo; pero, como no es posible, levántate despacito; no corras riesgos, que el infarto acecha cuando uno menos se lo espera.

7. A la playa no vayas a hacer ejercicio, mucho menos a nadar, sino a freírte en aceite bronceador. Es doloroso –los antiguos ascetas nunca soportaron penitencias tan duras—pero todo sea por la belleza del pellejo.

8. Al anochecer, imita a los murciélagos, que entran en acción a esas horas: devoran toda clase de larvas y chupan toda clase de líquidos. Al final terminan su jornada entre gritos lastimeros. Según los nativos, esos gemidos anuncian catástrofes, pero más bien parecen producto de la congestión.

9. En resumen: no niegues nada a tus sentidos, ni concedas nada a tu inteligencia. Que el refrigerador sea tu compañero inseparable; el internet tu alimento y tu objetivo más digno; el iPod, tu comecoco… Y los demás –la familia, los amigos, los necesitados—meros puntos de referencia, objetos para usar y tirar.

10. No olvides aprovechar las vacaciones para chismorrear con todos en el ciberespacio. Nada te amargará tanto la existencia como descargar un poco de veneno sobre tus enemig@s íntim@s. Y no pienses que el chisme es cosa de mujeres. Estamos en una sociedad igualitaria. Todos tenemos derecho a la libertad de expresión.

11. ¿Y Dios?... Lo siento: no soy capaz de llevar la ironía hasta sus últimas consecuencias. Ni en broma puedo aconsejarte que pongas a Dios en naftalina y lo guardes con la ropa de inverno. Pero si, de verdad, quisieras pasar las más tristes vacaciones de tu vida, basta con seguir el ejemplo de tantos miles de personas que, en estas fechas, huyen descaradamente de Dios. Se parecen a esos otros que, de vez en cuando, escapan de lo que en teoría más quieren –de su mujer, de sus hijos--, en busca de un “desahogo”, de un descanso.

A esos, y a los que piensan que las vacaciones pueden ser un paréntesis en la fe, habría que recordarles que, quien necesita descansar de sus amores, es que no sabe amar. El amor es el mejor descanso para el alma y para el cuerpo. Y Jesucristo quiere encontrase con nosotros, también en la playa, donde comió pescado a las brasas con sus amigos, o en la montaña, donde organizó una tarde la gran fiesta de los panes y los peces.

 

Oscar Vásquez Varela.

Columna: Pensar en Libertad

 

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Pensar en libertad

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Pensar en libertad

La culpa fue de Alberto, que me propuso colaborar con este blog. El piensa, no se por que razón, que soy capaz de escribir todos los meses sobre cuestiones de actualidad sin aburrir en exceso al personal. Le dije que bueno, y comencé a darle al teclado con escasas esperanzas de aportar algo trascendental a la cultura occidental.

Me pidió darle un nombre a la sección y no tuve que reflexionar mucho, lo llamaríamos Pensar en libertad. Y es que pensar en libertad es lo que intento que hagan mis alumnos de la universidad en mis cursos. Es un slogan que ronda en mi cabeza continuamente, y que algún día se podría convertir en un librito.

Me parece un buen título, porque responde exactamente a lo que quiero hacer en este espacio. Sin tomármelo demasiado en serio, intentaré desenmascarar tópicos, de mirar con ojo crítico y receloso las imposiciones de la moda intelectual o ideológica dominante, invitando a los lectores a que reflexionen por cuenta propia. Recristianizar significa, entre otras cosas, despertar el espíritu libre que muchos tienen aletargado y apretar tornillos en alguna que otra materia gris.

Creo que la palabra librepensador no me disgusta en absoluto, aunque en el pasado haya tenido acentos anticlericales y sectarios. Me gusta porque, tal como está nuestro areópago, se va poniendo difícil razonar con auténtica independencia de criterio, sin dejarse teledirigir por un Poder, que cada día es más sofocante y fiscalizador, especialmente en el terreno de las ideas. Tratan de uniformar cerebros y conciencias, tal como lo advirtió Hannah Arendt en los Orígenes del Totalitarismo.

En este sentido, la fe es un eficaz antídoto, porque no solo no ata ni condiciona el pensamiento, sino que, muy al contrario, lo libera, le permite volar más lejos, sin miedo a los tabúes intelectuales que cada época histórica y cada ideología se encargan de poner a nuestro paso.

Escribir desde la fe no es poner trabas dogmáticas a la inteligencia, sino enriquecerla con una luz que viene desde lo alto, y que enseña a descubrir la tercera dimensión de un mundo aparentemente plano y agobiante[1].

Escribir desde la fe significa también –al menos así lo veo- hacerse un poco más abierto; reservar la gravedad y el apasionamiento para unas pocas y señaladas cuestiones, y sonreír ante las demás. Significa, por tanto, escribir con buen humor y mirar con cariño al que nos interpela, aunque él no lo haga con el mismo afecto.

Supongo, por tanto, que el tono desenfadado no está peleado con la seriedad en el fondo de la mayoría de los asuntos. Y en todo caso, esa leve ironía que en ocasiones me viene a la cabeza, es solo un recurso para no aburrir, y a nadie pretende molestar.

Por último, debo sujetarme a un número determinado de caracteres como tope máximo, y eso servirá para aprender a podar adjetivos e ir al grano, creo que será un estupendo ejercicio literario. Esta brevedad tiene un inconveniente y alguna ventaja. El inconveniente es que no cabe el lujo de intentar ser exhaustivo, y dejar en el tintero casi todo lo importante.

La ventaja es que en uno o dos folios, es fácil sugerir, dar un enfoque distinto, dialogar con el lector (¿hay alguien ahí?), provocarle un poco y, luego, retirarse alegando falta de espacio, para que el posible, pero poco probable interlocutor siga reflexionando por libre.

Como ignoro la suerte que correrá este escrito, me lavo las manos ante ustedes, y declaro solemnemente que lo envío solo porque me lo ha pedido el editor. Él sabrá lo que hace. Yo me contentaré con que, si alguno llega a leerlo, se sonría, pues es un saludable ejercicio.

 

Oscar Vazquez
Chihuahua, 22 de enero de 2015.

 

[1] San Josemaría lo expresaba así: La gente tiene una visión plana, pegada a la tierra, de dos dimensiones. –Cuando vivas vida sobrenatural obtendrás de Dios la tercera dimensión: la altura y, con ella, el relieve, el peso y el volumen. Camino, n. 279

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La Misión de un exseminarista

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La Misión de un exseminarista

Con Dios ningún camino tiene fin y ninguna aventura termina en tragedia. Sin embargo abandonar la ilusión de un camino o vernos obligados a dejarlo puede representar un  sufrimiento ineludible; porque a nivel: psicológico, social, afectivo, económico, ético, religioso, eclesial, existencial, intelectual y apostólico. Considerando una apertura a otros tantos aspectos que se podrían incluir. 

Algunos de los cambios que experimenta un seminarista al ingresar al seminario a nivel psicológico viene de un sentido de identidad, puesto que el seminario va forjando un estilo de vida con el cual el formando se va adecuando a las estructuras del seminario para lograr el objetivo del sacerdocio...

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EL INTERSEMINARIO DESDE LA COMPETENCIA

Los tambores y gritos anunciaban el inicio de la competencia, amigos y hermanos, pero con decisión de manifestar su capacidad. Los seminaristas desempeñaron de la mejor manera posible sus cualidades deportivas. Las mismas porras representaron una expresión competitiva en la cual se comenzaron discutiendo Torreón y Juárez mientras se presentaba la historia de cada seminario; la pasión no se dejó de lado, humanos, demasiado humanos; por ello llamados, demasiado llamados a la santidad en el sacerdocio. Los seminaristas dejaron raudales de gritos, a veces uno que otro quejumbre, risas, carcajadas, suspiros, sonrisas, sarcasmos, reclamos… incluso llanto...

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