“¡El corazón vuelve a palpitar!”… Es una de las maneras en que se puede expresar el re-ingreso de los seminaristas a las instalaciones del Seminario. Si bien es cierto, las vacaciones son un momento oportuno para recuperar, mediante el descanso, las fuerzas debido al desgaste que en el año se genera; sin embargo, de ninguna manera “rompen” con el estilo de vida que se pretende asumir. La vocación permanece, mas necesita de tiempos bien distribuidos, y a su vez, bien aprovechados. Con esto, se presentan expectativas nuevas, tanto personales como grupales, las cuales deben estar en sintonía para así crear un ambiente sano e íntegro.

En el contexto que se suscita por el inicio de un nuevo ciclo, se llevan a cabo ciertas actividades propias del mismo. Dentro de ellas, me gustaría resaltar la que se llevó a cabo la semana pasada antes de irnos a ejercidos espirituales

A manera breve, dicha actividad, consiste en expresar las sensaciones ocasionadas por darse la oportunidad de experimentar la vivencia de Seminario, la cual para algunos es totalmente nueva, y para otros viene a ser una continuidad del camino ya recorrido. Así también, ante nuevos horizontes resultan con ellos nuevos objetivos, o bien, ya existía alguno y se hace una evaluación para concientizar el progreso que se ha obtenido en vistas a él. Aunque la cantidad de personas es considerable, lo expresado contiene gran similitud: signo de unidad. Que a final de cuentas, es uno de los objetivos en el que se hace énfasis, generar unidad- comunión- orden.    

Así, el llamado “corazón de la diócesis”, ante las exigencias de la actualidad, se empeña en hacer de los jóvenes que en él habitan, hombres comprometidos al servicio generoso, el cual no busca fines particulares, sino aquel contribuye a la propagación del Reino de Dios.

Alan Barrio

Teología I

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