Ahí estamos en el altar, frente al Señor por quien hemos apostado toda nuestra vida, frente al amado, frente a Cristo que nos ha llamado. Es un momento culminante, por fin llega la hora de hacer el compromiso para siempre.

¡Presente!,  es la respuesta del que es llamado al escuchar su nombre resonar en los imponentes muros de la catedral metropolitana, es la respuesta del joven Samuel al ser llamado por Dios, es él: ¡aquí estoy!  De aquel  joven, que  con temor y deseos de entregarle toda su vida al Señor, hace unos años le respondió al entrar al seminario.

Estamos todos ahí reunidos,  familia, sacerdotes, el obispo, amigos; nadie puede faltar, todos quieren presenciar, cómo es un Sí definitivo. ¿Cómo se puede amar tanto que hasta se decide consagrar toda su vida para ello?.

De repente se pide iniciar una profunda oración, arrodillados todos, invocando la bendición de nuestro Señor y el auxilio de los santos. Ahí están ellos dos, que hoy no les toca estar de rodillas, sino postrados, es su turno. Se cumplió la hora que soñaban desde años atrás, llegó el momento que esperaban con gran anhelo.

Se cumple la promesa: ¡Y serás pescador para toda la vida!

El seminario, llora y se ríe, teme y admira. Sabe que el Señor sigue llamando, y sigue haciendo de hombres: pescadores.

Esta vez estamos con sotana negra, hincados y haciendo oración, después, mañana quizás, estemos con alba blanca, postrados pidiendo la unción. La alegría no puede faltar, porque Dios ha mirado nuestra humanidad, y en sacerdotes santos nos quiere transformar.

Ordenación sacerdotal: Francisco Javier Domínguez Meraz y Carlos Daniel Reyes Pérez, 16 febrero de 2015.

Mane nobiscum Domine.

Oscar Loya Terrazas

Filosofía III

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