Ordenación diaconal de Luis Ramón Mendoza López.

Sólo el corazón del joven que lo están ordenando sabe lo que le ha costado estar en ese momento frente al altar. Es Jesús mismo el que hoy exclama: ¡Tú eres de quienes han perseverado conmigo en mis pruebas! (Cfr. Lc 22,28)

El sacerdote no se hace en la ordenación sino en la vida diaria (en la formación), configurarse con Cristo concierne a la persona entera, ser sacerdote significa integrar tu vida y entregarla por el Reino, sin límites y sin reservas.

Son ocho años en el seminario en el que el corazón del joven,  queuna vez le dijo que sí al llamado recibido por Dios y que se atrevió  a vivir al aventura del seminario, se configura con el corazón de Jesús, esto quiere decir que es el tiempo en donde el hombre dispone su persona a Dios paraque Éste trabaje y moldeé todo su ser, y así lo convierta en una bendición.

Sabiendo que el sacerdocio por completo es don y gracia de Dios, no conciboun sacerdote que no le haya costado su vocación, que no haya corrido al sagrario a reclamarle a Dios respuestas, que no se haya postrado llorando al reconocer su poquedad frente al gran proyecto al que Dios le llama, que frente a las tentaciones, con el corazón en la mano, no le haya pedido al Señor la fuerza y el coraje para salir adelante, y que en la prueba, cuandose encuentra más débil, no haya sido auxiliado por la mano de Dios en donde Él mismo le dice: “Aquí estoy, no te dejaré no te abandonaré” (Jos 1,5).

Tampoco concibo un sacerdote triste, porque la vocación es vida, llena el corazón de quien la vive y arrebata su ser haciéndolo arder (como los discípulos de Emaús), de esta manera el seminario es la experiencia del hombre feliz, donde se descubre queseguir al Señor llena tanto quesimplemente no puedes dejar de decir: gracias Señor.

¡Y haré de ti una bendición! (Cfr. Gn 12,2)

Es la promesa más preciosa que Dios puede darle a un jovenque ha decidido entregarle toda su vida. Ser bendición para su familia, sus amigos, para quien lo rodea, ser bendición para un pueblo que sufre, para una sociedad sin Dios. En fin, ser bendición para dar testimonio de que Dios sigue trabajando en todas las vidas hoy.

El seminarista que eres hoy, serás el sacerdote de mañana.

Gracias Luis Ramón Mendoza López.

Mane nobiscum Domine

Oscar Loya Terrazas

Teología I

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