Bienvenido hermano, a la región del miedo; al lugar donde los abismos se abren, donde conviven la oscuridad y el fango, los desprecios y los gritos; bienvenido al lugar del cual no se vuelve jamás. Cuando cruces esta puerta: negra, ceñida de azul con un sobre ropaje blanco y una sonrisa blanca sobre su cabeza sabrás que nada es igual (la sotana). Los señalamientos con el dedo serán diferentes de continuo más severos y exigentes. Tomado por ignorante por los sabios, despreciado por los que mienten. Aquí donde las crisis no terminan y las cuestiones de los vanidosos, así como de los morbosos, no cesan. Bienvenido al abandono y a la senectud avanzada porque tendrás que ser un hombre más sabio a los jóvenes comunes de tu edad, bienvenido a donde la muerte de ti mismo te susurra misterios y dones.

Es que Dios llama y destruye para construir; hace falta un lugar donde la esterilidad da paso a la fertilidad y eso no es cosa de mera relajación sino de esfuerzo y rompimiento con la propia voluntad. Ni el oro se acrisola con la suave brisa, ni la espada se forja sin golpes; el guerrero se entrena en la batalla y frente al enemigo. Porque bajar a la oscuridad, a la región del miedo, al abismo, al fango, a las vivas convertidas en desprecios y gritos; la senectud anticipada y la muerte son el camino de la aventura de fe que se abre en la respuesta a nuestra vocación.

Ciertamente nunca entenderás a profundidad los porque: ¿por qué tú?, ¿por qué a tu edad?, ¿por qué desde tu familia?, ¿por qué tus planes tuvieron que ser sobre los cuales paso una marejada de oraciones por donde Dios quiso hablar a susurros al corazón y decirte que eras llamado?; a veces la respuesta se resume en esto: “porque la vocación es don y misterio”. Don porque es un regalo que Dios da y, ¿Quién cuando le dan un regalo respinga por aquello que le han regalado? Nadie, ciertamente el regalo se acepta con alegría y se espesa con amor en correspondencia al ser que regala y que ama. Misterio porque nunca, nunca lo entenderás; entenderlo sería ser la persona menos dichosa, porque el amor entendido no es amor; el amor requiere confianza como cultivo y donde no hay confianza no puede habitar el amor. Don y Misterio.

Después de volver la cara al tiempo y al espacio del seminario querrás gritarle gratitudes, porque termines este camino de formación, o no, la aventura de fe continuará. Y aunque de momento no cómpredas muchas cosas solo vale que comprendas que el silencio con el cual Dios va velando tu vocación día con día es el estruendo más grande por el cual te forjaras sacerdote. Serás anciano; presbítero, si es la voluntad de Dios y para ser sabio habrá que sufrir muchas cosas que los jóvenes de tu edad aún no han sufrido, pero también alegrías insondables que ellos no han experimentado.

Bienvenido hermano a la región de Jesucristo, donde hay que volver la espalda a sí mismo y mirar el horizonte con la frente en alto siguiendo al Maestro que lleva la cruz; donde el resultado de la aventura expresará desde tu mismo ser:

No hay amor más grande que este...  dar la vida por los amigos (Jn. 15, 13)”

 

Luis Ramón Mendoza López

“In hoc signo vinces”

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