Con ocasión del 16 de Septiembre, día en el que en México celebra su aniversario de independencia, se realizarán fiestas por todo el país, halagando aquel sueño de algunos hombres llamados héroes nacionales. 

Sí, hoy hay fiesta en toda la Republica Mexicana, desde los pueblos más escondidos hasta las grandes metrópolis, en donde desfilarán por los escenarios grandes artistas. Habrá fiesta, música, baile y gritos, en un ambiente de alegría y jubilo, como ya lo dijo el Maestro O. Paz: “No hay nada más alegre que una fiesta mexicana” (El laberinto de la soledad, 57). 

Pero lo que actualmente se hace en México, ya lo Romanos lo hacían, llamándole el sistema: “Panem et circenses” (Pan y Circo); donde en los coliseos se ofrecía, al pueblo pobre, algo de entretenimiento, al mismo tiempo, que se les regalaba alimento. Gracias a esto, el gobierno podía tranquilizar y distraer al pueblo que pasaba una situación de sufrimiento, dejación, injusticias, entre más. 

Entonces hoy, el pueblo mexicano, es galardonado con una infinidad de celebraciones, vestido de fiesta y puestos ya los manteles largos, contrastando esto con la realidad que vive, deja ver una cosa: pan y circo para los mexicanos. Es decir, hoy será, como hace muchos años ha sido, el pueblo que come y se distrae para que así pueda olvidar su realidad, en otras palabras, que olvide su pobreza. 

“La pobreza se mide por el numero y la suntuosidad de las fiestas” (íbid.52); de esta manera México, que es grande en sus fiestas, es grande también en su pobreza, no refiriéndose solo a la económica (que sería otro tema por debatir) sino a la pobreza de libertad, de sueños, de proyectos. 

México olvida que el grito que realiza cada noche del 15 de Septiembre, se hizo en un principio con la intención de denunciar; olvida que fue un grito de dolor ante la realidad que se vivía, ante las injusticias y el sufrimiento. De esta manera el grito de Dolores, se trasforma de expresión para quedar: el grito de dolor-es… porque nadie alza la voz, nadie se atreve a exigir, pero especialmente a denunciar. 

Esta capacidad de denunciar, desde hace más de 20 siglos la han realizado los profetas, que no sólo fueron anunciadores de Dios, sino que también fueron denunciadores de las realidades inhumanas y del mal existente en el mundo. 

El evangelio para los bautizados les exige ser profetas; un cristiano, en cumplimiento de su fe, tiene el deber de ir contracorriente, de hablar y si es necesario de gritar. 

Si hoy se tiene que dar un grito, que sea de denuncia, es tiempo de ser profetas y de alzar la voz.

Oscar Loya Terrazas

Teología I

Mane nobiscum Domine

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