Un supuesto fatalista de la actividad filosófica es la certeza de que, tarde o temprano, vamos a morir. A diferencia del resto de los seres vivos, los humanos somos mortales por el reconocimiento de este destino que obliga a reflexionar más allá de la propia finitud. Así comprendemos que la búsqueda del sentido de la vida, pronunciado desde la filosofía, es sólo un modo de prepararnos para la muerte. Si aceptamos esto,podemos asegurar que la mejor temporada para filosofar en México ha sido a finales de octubre y principios de noviembre, desde que se observa la tradición del “Día de muertos”, inmemorial en nuestra cultura.

Consideramos que los rituales implícitos en esta celebración, propia de las comunidades indígenas de diferentes regiones del país, son muestra clara de las capacidades de cuestionar y, sobre todo, de responder presentes en el sentido práctico de la filosofía. Los altares de muertos son una respuesta ala inquietud de saber qué pasa con los que se van y una advertencia para orientar la vida.

La UNESCO reconoce esta manifestación cultural como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad y resalta que: “En la celebración del Día de Muertos, la muerte no remite a una ausencia sino a una presencia viva; la muerte es una metáfora de la vida que se materializa en el altar ofrecido: quienes hoy ofrendan a sus muertos serán en el futuro  invitados a la fiesta.” (UNESCO, 2014).

 

Los altares de muertos representan la comunión entre los vivos y sus familiares difuntos. Con la solemnidad del silencio nocturno, revelan la confianza en la permanencia y en el acompañamiento que podemos brindarnos para el camino espiritual; con toda su luz, su gama de colores, aromas y sabores proyectan la aceptación de diversos niveles de existencia. Son metáforas plásticas que invitan a celebrar, en comunidad de vivos y muertos, una relación de crecimiento que continúa.

A diferencia de tradiciones occidentalizadas, entre los indígenas la conciencia de la mortalidad se orienta hacia una respuesta creativa; no se queda en el constante cuestionamiento que muchas veces desvincula. Por el contrario, con el carácter de “fiesta” se integra la participación de todos los miembros de la comunidad y se experimenta la conciencia de lo que no termina. Cuando somos auténticos, al celebrar algo no pensamos en que se acaba;más bien disfrutamos del momento como niños, con independencia de lo que dure o lo que siga. Para Gadamer, “… en esto consiste precisamente el carácter temporal de una fiesta: se la «celebra», y no se distingue en la duración de una serie de momentos sucesivos.” (Gadamer, G. 1991. La actualidad de lo bello. Pág.102).

Con este autor, aceptamos que las culturas antiguas nos superan en el arte de celebrar. En nuestro contexto “civilizado”, por lo general, se olvida la importancia de la convivencia y se ignora la riqueza de los significados presentes en cualquier tipo de conmemoración. En especial, el Día de muertos es una fiesta que forma parte de un proceso creativo e integrador mediante el cual se conmemoran,de manera particular, el sentido de la vida y el colorido de la diversidad, con expresiones que nos hacen recuperar el gozo por estar vivos aceptando nuestra condición de mortales.

Enfatizamos en la necesidad de celebrar la vida de esta manera creativa,es decir, con arte...Una de las pocas, pero importantes, prohibiciones que se plantean a un paciente en procesos arteterapéuticos es el uso del borrador; pues lo importante es fluir, ser espontáneo y dejar que el yo interior se exprese. Borrar sólo es un indicador de la autocrítica que no permite avanzar, de la no aceptación.

La capacidad crítica, como herencia occidental, tiene doble filo: aclarar un horizonte de comprensión pero puede paralizar la creación. En cambio, en visiones de la vida como las indígenas de nuestro país se responde a los cuestionamientos sin dudar, al menos no tanto; porque lo cierto es que la vida fluye y no se regresa para corregir.

Festejemos, pues,las raíces que nos recuerdan la vida y la muerte. Seamos mortales que colorean sus reflexiones de manera creativa; que se cuestionan, pero también responden a la necesidad de encontrar uno o varios significados a la vida y que sólo se detienen, de vez en cuando, para observar su creación mas no para borrarla.

Brenda Ludmila Sánchez Aguirre

lamaestrabrenda@gmail.com

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