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CUARESMA Y MIÉRCOLES DE CENIZA

El día de mañana iniciamos el tiempo litúrgico llamado Cuaresma, período de cuarenta días (cuadragésima) como preparación a la Pascua. Desde el siglo IV se manifiesta la tendencia a constituirla en tiempo de penitencia y de renovación para toda la Iglesia, con la práctica constante del ayuno y la abstinencia, así como de la intensificación en la oración. El Catecismo de la Iglesia Católica, en el número 540 nos dice: “La Iglesia se une todos los años, durante los cuarenta días de la Gran Cuaresma, al Maestro Jesús en el desierto”. Proponiendo a sus fieles el ejemplo de Cristo en su retiro al desierto (en el cual duró cuarenta días): El cristiano se prepara para la celebración de las solemnidades pascuales imitando al maestro, especialmente con la purificación del corazón, con obras de misericordia, con actitud penitencial. Este tiempo es particularmente apropiado para los ejercicios espirituales, las liturgias penitenciales, las peregrinaciones como signo de penitencia, las privaciones voluntarias como el ayuno y la limosna, las obras de misericordia (cfr. CEC 1438).

¿Por qué miércoles?

Cuando en el siglo IV se fijó la duración de la Cuaresma en 40 días, ésta comenzaba seis semanas antes de Pascua, por tanto, comenzaba un domingo, llamado precisamente, domingo de la cuadragésima. Al correr del tiempo, ya en los siglos VI-VII cobró gran importancia el ayuno como práctica cuaresmal. Y fue cuando surgió un inconveniente: desde los orígenes nunca se ayunó el día domingo por ser un día festivo, el día del Señor, ¿Cómo hacer, entonces, para respetar el domingo, y a la vez, tener los cuarenta días efectivos de ayuno? Se optó por recorrer el comienzo de la Cuaresma al miércoles previo al primer domingo de Cuaresma (si se cuentan los días que van desde el Miércoles de Ceniza al Sábado Santo y le resta los seis domingos, le dará exactamente cuarenta). La Iglesia, en nuestros días, sigue guardando la tradición de comenzar la Cuaresma el miércoles antes del primer domingo de Cuaresma.

¿Por qué la ceniza?

La ceniza es un signo de penitencia muy fuerte en la Biblia (Jon 3,6; Jer 6,26). Siguiendo esta tradición, en la Iglesia primitiva eran rociados con cenizas los penitentes públicos como parte del rito de reconciliación. Al desaparecer la penitencia pública, la Iglesia conservó este gesto penitencial. Empieza a ser una tradición más arraigada para toda la comunidad cristiana a partir del siglo X.

Ésta procede de los ramos bendecidos el Domingo de la Pasión del Señor, del año anterior, siguiendo una costumbre que se remonta al siglo XII. La fórmula de bendición hace referencia a la condición frágil y pecadora de quienes la reciben (polvo eres) y lo caduca que es la vida (y en polvo te convertirás).

Ella es el signo externo de una realidad interna, por tanto, quien no pueda recibirla, no tendrá años de mala suerte o le pasará alguna desgracia. La ceniza no es magia: no es necesario llevarla a quienes no han podido asistir a las celebraciones, ya que lo importante no es la ceniza en sí misma, que no tiene ningún valor especial; lo que tiene un valor sumamente especial es la actitud y compromiso a la que me lleva el recibirla.

El miércoles de Ceniza es el principio de la Cuaresma, y también puede ser el principio de una vida nueva, si hay en el corazón la disposición de cambiar nuestra vida. En la primera lectura, el profeta nos invita a rasgar el corazón como signo de penitencia, esto es, abrir el corazón que se ha endurecido, por el sufrimiento o la indiferencia, para dejar que la gracia de Dios actúe en él a través de las obras que se nos proponen: ayuno, penitencia, oración.

Para concluir este breve artículo, hago mía las palabras del evangelista Mateo, en resonancia al mensaje del Papa para la cuaresma 2016: “Misericordia quiero y no sacrificios” (Mt 9,13). En el marco del año de la misericordia, abramos nuestro corazón a Dios, “rico en misericordia”, para que podamos experimentar su gracia, su amor y su perdón, en la vivencia de esta Cuaresma, y que viviendo con Jesús estos días especialísimos de gracia, acompañándolo en su Pasión y su Muerte, podamos experimentar, junto con él, su gloriosa Resurrección en nuestras vidas.

Iván Grajeda.

Teología II

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Hermenéutica de una tarjeta de navidad

“Hermenéutica” es el nombre disciplinar de nuestra capacidad de interpretación; se trata sólo del ejercicio de “leer con detenimiento” cualquier cosa que resulte atractiva, cuando nos identificamos al observar en ella partes de nosotros mismos. Como regalo especial y a manera de ejemplo, comparto mi lectura personal sobre una de las más gentiles demostraciones de afecto propia de esta temporada: una tarjeta de navidad.

 

Siempre que recuerdo este detalle, contemplo la hermosa escena de la Sagrada Familia en el pesebre ubicado en medio del desierto, donde predomina la apertura del enorme cielo azul oscuro pero iluminado por la majestuosa Estrella de Belén. En ocasiones la imagino con los reyes magos que traen ofrendas en sus manos… Podemos sentirnos conectados de manera especial con cada uno de estos símbolos, para modelar una realidad interior que nos permita sentirnos plenos.

 

El cielo nocturno simboliza el entorno que nos cobija; muchas veces resulta incomprensible pero, gracias a su oscuridad, se destaca el Astro que lo ilumina todo. Está abierto a la infinita variedad de sentidos con los cuales podemos orientar la existencia. El pesebre en un lugar desértico se interpreta como lo poco que necesitamos; aunque se concibe como solitario, un desierto contiene el agua suficiente para sostener formas de vida que destacan por su fortaleza. Ubicarnos en este contexto sugiere seguridad en nuestras habilidades para salir adelante. En esto radica la sencillez que se resalta de esta imagen: aún con escasos recursos somos dignos de recibir y capaces de mantener la presencia gloriosa del Hijo de Dios.

 

Resulta integrador reconocernos en la figura completa de la Sagrada Familia. José representa nuestro lado paterno, ordenado, autónomo y responsable para proteger, así como para proveer de lo necesario a María; el lado materno que expresa la sensibilidad, la espera confiada y el cuidado amoroso con el cual podemos dar a luz, además de alimentar, todo proceso de transformación. Y ¿qué más puede significar el Niño Jesús si no es la esperanza de transformar el mundo?

 

A partir del abrazo entre María y José nos encantamos con el nacimiento del bebé que sugiere la gracia del niño interior, como máxima expresión de cualidades indispensables para aprender a caminar en su momento: ternura, confianza, espontaneidad, curiosidad e inocencia.  El Niño Jesús que duerme tranquilo, sin juicios ni expectativas, es la manifestación de la paz y la sabiduría que habitan en nuestros corazones. Indica el gran potencial que tenemos para recrear el entorno y crecer en armonía, basándonos en una nueva escala de valores más cercana al juego que a la rigidez de esquemas ya establecidos.

 

Por otro lado, observamos la “presencia pasajera” de los reyes magos que simbolizan nuestras relaciones de apreciación con los demás. Son los peregrinos que pasan a contemplar la belleza del recién nacido y a dejar regalos para apoyar su crecimiento. Así es el contacto con quienes convivimos por un tiempo: nos cruzamos apreciando la diversidad de expresiones y, con la seguridad de sabernos orientados por la Estrella del Norte, reconocemos la libertad de cada quien para avanzar por el propio camino. De este modo, aceptamos la importancia de disfrutar y agradecer los instantes mágicos compartidos con el compañero que encuentra otro sentido, el amigo que se queda atrás o con el hermano que se marcha antes.

 

Al aceptar el reflejo de la Sagrada Familia en nuestro interior, es posible  reconocernoscomo personas completas que, con la flexibilidad del niño, dejan atrás el pasado para afirmar su presente desde un sentido lúdico. Según Nietzsche, “El niño es inocencia y olvido, un nuevo comienzo, un juego, una rueda que se pone en marcha por sí misma, un primer movimiento, una santa afirmación.”[1] Este es el significado de la celebración de la Navidad que nos invita a renacer junto al Hijo de Dios para danzar alegres por la vida, con la seguridad de que podemos realizar nuestras ilusiones, si no perdemos nuestra capacidad de asombro, y con la plena confianza de que creceremos bajo la protección del cielo abierto de Belén.

 

Por: Brenda Ludmila Sánchez Aguirre 

 

lamaestrabrenda@gmail.com

 

[1] Nietzsche, F. 2013. Así hablaba Zaratustra. Pág. 24

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REVOLUCIÓN MEXICANA Y LIBERTAD RELIGIOSA EN MÉXICO

Dos acontecimientos han marcado profundamente a nuestro país, a tal grado que les rendimos un honor especial en el calendario civil, a saber, la Independencia de México y la Revolución Mexicana.

Las dos son luchas por la libertad: La Independencia busca librarse de las cadenas externas, es decir, de las naciones extranjeras que sometían al País; mientras que la Revolución persigue el derrocamiento de un gobierno autóctono considerado ya como una tiranía.

Ahora bien, planteemos la pregunta. ¿La Revolución ha traído una auténtica libertad religiosa? La respuesta es breve y concluyente: No, en absoluto. Si alguien ha sido afectado por los efectos de la revolución es la Iglesia misma, y por ende la libertad religiosa. Aun más, estos motivos anti-eclesiásticos se encuentran ya implícitos de alguna manera en los planes revolucionarios. 

Esto no es novedad, la Iglesia aligual que su fundador, ha sido víctima de constantes ataques y persecuciones (Jn 15, 20). En concreto, aquí en México nos remitimos hasta el tiempo de las famosas leyes de Reforma. 

El presidente Benito Juárez, desde su gobierno había dado el primer paso: despojar a la Iglesia de tierras y propiedades, así como de su misión educativa del pueblo mexicano; se cerraron algunos seminarios, templos y conventos.

En tiempos del porfiriato, la Iglesia se restableció por un tiempo, sobre todo gracias a Carmelita, la católica esposa de Porfirio Díaz, la cual abogó ante su esposo para interceder por la Iglesia. Parece que lo logró, pues su marido no aplicó tan rígidamente las leyes de Reforma. Esto era solo provisional.

Si al principio los motivos que confluyeron para derrocar a Porfirio Díaz tenían tintes democráticos, aquello pronto degeneró en anticlericalismo. No sólo se trataba desed de un poder que ha quedado vacante, sino que había ya un proyecto imperialista de corte Masón, una de cuyas líneas principales era desterrar a la Iglesia Católica de suelo mexicano y cuyas terribles consecuencias se hicieron patentes en la guerra Cristera. Ya que la Iglesia de aquellos tiempos era la única protectora del pueblo, algunos revolucionarios vieron en la Iglesia mismacomo un estorbo para realizar sus maquiavélicos planes. El plan era claro, eliminarla. El método: ir reduciendo paulatinamente la libertad religiosa.

Es como si la Revolución hubiese traicionado sus propios principios y revelándose contra sí misma. Desde luego que no, sabemos que una guerra se planea para ganarse y no lo contrario; por ello afirmamos la existencia de motivos implícitos para proscribirla religión católica de suelo mexicano.

Entre los principales actores de la Revolución se encuentran los zapatistas, que podemos considerar el ala más católica; los carrancistas, destacados por su odio hacia la religión y sus intereses liberales; los villistas, que no creen en nada pero aman la lucha sangrienta; entre otros. Cuando por fin se derrocó a Porfirio Díaz, cada un quiso “agarrar agua para su molino”, así que la lucha ahora se dirigió entre ellos mismos. Fueron, pues los carrancistas los que terminaron imponiendo sus ideas e impulsando la guerra ahora contra la Iglesia, dirigiendo todas sus energías para perseguir a la Iglesia de Cristo. Pero el pueblo mismo respondió, no se quedó callado: se realizaron manifestaciones, peregrinaciones, huelgas, boicots, hasta el levantamiento de armas por parte de los cristeros.      

Es bien sabido también, que nuestro país vecino no permaneció neutro ante estos acontecimientos sino todo lo contrario. Es más, hay muchos ya quienes afirman que fueron algunos ciudadanos estadounidenses los causantes de liderar y mover los hilos de la revolución, masones con pretensiones bien claras: desterrar a la Iglesia católica y abolir los principios políticos de inspiración cristiana.

El desconocimiento de todos motivos de fondo ha hecho que los mexicanos vivamos en una gran ignorancia respecto a la verdadera historia nacional, entonces ¿qué celebraremos este veinte de noviembre?: en realidad celebramos uno de los episodios más trágicos de nuestra historia, nosotros como católicos debemos recordar a quienes entregaron su vida y derramaron su sangre por la Iglesia y por la libertad religiosa. ¿Quiénes son nuestros héroes en verdad?

    SerafínGonzalez Chavira

Teología III

   

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Somos mortales, festejemos sin borrador

Un supuesto fatalista de la actividad filosófica es la certeza de que, tarde o temprano, vamos a morir. A diferencia del resto de los seres vivos, los humanos somos mortales por el reconocimiento de este destino que obliga a reflexionar más allá de la propia finitud. Así comprendemos que la búsqueda del sentido de la vida, pronunciado desde la filosofía, es sólo un modo de prepararnos para la muerte. Si aceptamos esto,podemos asegurar que la mejor temporada para filosofar en México ha sido a finales de octubre y principios de noviembre, desde que se observa la tradición del “Día de muertos”, inmemorial en nuestra cultura.

Consideramos que los rituales implícitos en esta celebración, propia de las comunidades indígenas de diferentes regiones del país, son muestra clara de las capacidades de cuestionar y, sobre todo, de responder presentes en el sentido práctico de la filosofía. Los altares de muertos son una respuesta ala inquietud de saber qué pasa con los que se van y una advertencia para orientar la vida.

La UNESCO reconoce esta manifestación cultural como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad y resalta que: “En la celebración del Día de Muertos, la muerte no remite a una ausencia sino a una presencia viva; la muerte es una metáfora de la vida que se materializa en el altar ofrecido: quienes hoy ofrendan a sus muertos serán en el futuro  invitados a la fiesta.” (UNESCO, 2014).

 

Los altares de muertos representan la comunión entre los vivos y sus familiares difuntos. Con la solemnidad del silencio nocturno, revelan la confianza en la permanencia y en el acompañamiento que podemos brindarnos para el camino espiritual; con toda su luz, su gama de colores, aromas y sabores proyectan la aceptación de diversos niveles de existencia. Son metáforas plásticas que invitan a celebrar, en comunidad de vivos y muertos, una relación de crecimiento que continúa.

A diferencia de tradiciones occidentalizadas, entre los indígenas la conciencia de la mortalidad se orienta hacia una respuesta creativa; no se queda en el constante cuestionamiento que muchas veces desvincula. Por el contrario, con el carácter de “fiesta” se integra la participación de todos los miembros de la comunidad y se experimenta la conciencia de lo que no termina. Cuando somos auténticos, al celebrar algo no pensamos en que se acaba;más bien disfrutamos del momento como niños, con independencia de lo que dure o lo que siga. Para Gadamer, “… en esto consiste precisamente el carácter temporal de una fiesta: se la «celebra», y no se distingue en la duración de una serie de momentos sucesivos.” (Gadamer, G. 1991. La actualidad de lo bello. Pág.102).

Con este autor, aceptamos que las culturas antiguas nos superan en el arte de celebrar. En nuestro contexto “civilizado”, por lo general, se olvida la importancia de la convivencia y se ignora la riqueza de los significados presentes en cualquier tipo de conmemoración. En especial, el Día de muertos es una fiesta que forma parte de un proceso creativo e integrador mediante el cual se conmemoran,de manera particular, el sentido de la vida y el colorido de la diversidad, con expresiones que nos hacen recuperar el gozo por estar vivos aceptando nuestra condición de mortales.

Enfatizamos en la necesidad de celebrar la vida de esta manera creativa,es decir, con arte...Una de las pocas, pero importantes, prohibiciones que se plantean a un paciente en procesos arteterapéuticos es el uso del borrador; pues lo importante es fluir, ser espontáneo y dejar que el yo interior se exprese. Borrar sólo es un indicador de la autocrítica que no permite avanzar, de la no aceptación.

La capacidad crítica, como herencia occidental, tiene doble filo: aclarar un horizonte de comprensión pero puede paralizar la creación. En cambio, en visiones de la vida como las indígenas de nuestro país se responde a los cuestionamientos sin dudar, al menos no tanto; porque lo cierto es que la vida fluye y no se regresa para corregir.

Festejemos, pues,las raíces que nos recuerdan la vida y la muerte. Seamos mortales que colorean sus reflexiones de manera creativa; que se cuestionan, pero también responden a la necesidad de encontrar uno o varios significados a la vida y que sólo se detienen, de vez en cuando, para observar su creación mas no para borrarla.

Brenda Ludmila Sánchez Aguirre

lamaestrabrenda@gmail.com

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SOBRE LAS PALABRAS Y OTRAS FIJACIONES

Por Brenda Ludmila Sánchez Aguirre

Con “Dos palabras”, un cuento corto que forma parte de Cuentos de Eva Luna, deIsabel Allende (1989), se desarrollan las primeras clases de mis cursos  filosofía del lenguaje y filosofía de la cultura. Esta narración despierta nuestra sensibilidad lectora ante una sutil presentación del cobijo que brindan las palabras en la configuración de cada vida particular, así como en el orden que creamos al nombrar las cosas y nuestras relaciones para otorgar un sentido a  la vida cultural, como resultado de un bello encantamiento.

“Tenía el nombre de Belisa Crepusculario, pero no por fe de bautismo o acierto de su madre, sino porque ella misma lo buscó hasta encontrarlo y se vistió con él.” Así inicia el cuento sobre una nada sencilla mujer quien, a pesar de que “…había nacido en una familia tan mísera, que ni siquiera poseía nombres para llamar a sus hijos...”, sobrevive a las dificultades de tierras inhóspitas y, después de transitar por el desierto, se inventa el oficio de vender palabras cuando se da cuenta de que éstas “… andan sueltas sin dueño y cualquiera con un poco de maña puede apoderárselas para comerciar con ellas.”  Para tal empresa se aprende de memoria el contenido de todo un diccionario pero, antes de ofrecer sus servicios, se deshace de él “… porque no era su intención estafar a los clientes con palabras envasadas.”

Se trata de un ingenioso relato con el que resulta motivante iniciar la discusión sobre uno de los temas más fascinantes de la filosofía contemporánea: la relación entre el lenguaje y la cultura. Reflexionamos sobre el modo en que, a partir de los símbolos, damos forma a nuestro pensamiento y otorgamos un significado al mundo, así como una dirección a nuestras vidas. Pero, ¿de dónde viene esta posibilidad de simbolización que consideramos propiamente humana?, ¿nace con nosotros?, ¿es un don divino? o ¿son las cosas las que nos dicen cómo se llaman? O, más bien, ¿alguna mente caritativa se inventó los nombres para facilitar la comunicación pero, como consecuencia, con ello se uniformiza y controla el mundo?... ¿O sus pretensiones sólo eran las de armonizarlo?

En realidad Belisa no se pregunta sobre el origen del lenguaje pero asume que, una vez que existen las palabras, es posible crear diversos discursos con los cuales dar un sentido a la vida de sus clientes e, incluso, dominar el corazón del más temerario de los hombres. Es consciente de que los nombres nos visten, arropan lo que somos, cobijan nuestra existencia y la de todo un pueblo, cuando indican una forma específica de darle significado al mundo; forjan el carácter de cada persona, de grandes conquistadores pero, en su dolorosa ambivalencia, también acaban con su “hombría” y ponen en peligro su esencia… Por eso, no se contenta con definiciones precisas que se vuelven vacías, de diccionario; sabe que es en el uso donde las palabras cobran vida y decide hasta dónde quiere llegar con ellas.

Así es la vivencia del lenguaje pero generalmente no nos hacemos conscientes, como Belisa, de que somos sus creadores y de que debemos decidir su uso, en lugar de adormecernos ante el dominio de estructuras con  pretensiones de precisión en disertaciones de cualquier índole.

Olvidamos la magia que se puede disfrutar ante la variedad de posibilidades en la creación lingüística y nos rendimos ante la imposición del sentido único que exigen las autonombradas autoridades, ya sea en ciencia, en educación, en política, en religión o en la misma filosofía. Todo ello, en realidad, como el resultado de una especie de fijación. Desde este olvido, diría Nietzsche (1873), con las palabras se construye una identidad que establece el modo particular dehabitar el mundo y de relacionarnos en él. Esto facilita los procesos comunicativos, en efecto; pero también es cierto que elimina la diversidad, como en la historia de Occidente, donde se institucionalizan fijaciones metodológicas para adiestrar hasta la más espontánea e íntima de las expresiones humanas.

 

De suerte contamos con la poesía, donde la sensibilidad se observa en la expresividad lingüística que se libera de las ataduras de un sentido único, mediante la creación metafórica. A partir del modelo poético puede hablarse de la naturaleza o de la cultura, aceptando el valor de la imaginación y de la fantasía, como formas de comprensión del entorno y de nosotros mismos. Contamos con las diversas esferas del arte; ahora destacamos la literatura, desde la cual Isabel Allende nos hace reconocer, con la figura de Belisa, que podemos decidir el tiempo para destruir las estructuras envasadas del diccionario y tejer nuevos vestidos con qué arropar nuestra esencia, sin necesidad de fijarla o de ocultarla, que es lo mismo.

 

El arte, entonces, nos recuerda la libertad para recrearnos. Pero, por otro lado, también el sentido místico de las diversas formas de conexión con lo sagrado que tienen las religiones, nos hacen comprender la diferencia entre el discurso y la vida, entre el decir y lo que somos. El texto fundamental del taoísmo resalta esta distinción desde el inicio: “No se puede conocer el tao sólo hablando del tao”. De ahí la necesidad de las parábolas en los textos sagrados que contienen enseñanzas de vida. 

Sin embargo, en esta dimensión es el silencio, no la palabra, el que nos religa con las manifestaciones de lo sagrado y a partir del cual es posible que se nos revele el mensaje de lo que, por su naturaleza, no puede ser nombrado, no puede ser fijado… No obstante, desde nuestra conciencia cristiana creemos que “Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios… Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros.” (Jn. 1, 1.14)

 

lamaestrabrenda@gmail.com

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CARTA A MI AMIGO MEDICO.

"Solo Lucas está conmigo...Lucas el médico amado los saluda"

(2 Tim 4,11; Col 4,14)

 

 

Me da la impresión, muy susceptible a error, que de las profesiones que más se asemejan al sacerdocio es la medicina, salvaguardando y teniendo en claro que el sacerdocio es más que una profesión; pero parodiamos asemejarlas en algunos aspectos que quisiera compartir.

Todo inicia desde la formación, una preparación muy prolongada a través del tiempo en la que fácilmente se cae en la impaciencia. Encontramos aquí un primer filtro: los acelerados, los que quieren las cosas ya!, no pueden ser ni médicos ni sacerdotes. Y es que a lo largo de tanto tiempo las cosas no son fáciles, muchas veces nos gana la impaciencia de querer salvar al mundo cuando estamos limitados a nuestro mundito: sea físico limitado por unas paredes, sea intelectual acorralados por la ignorancia.

Otro filtro, el más importante,  es el esfuerzo: y esto lo vemos reflejado en el lema del seminario de chihuahua: "solo los esforzados alcanzan el sacerdocio" (Sacerdotium Christi Violenti Rapiunt), y perfectamente se aplica a la medicina, quienes no son capaces de esforzarse no pueden (no merecen) ser médicos.

Surge otra relación: la cantidad de compañeros que se van quedando en el camino. No sé números en medicina, en el seminario es casi "ley" que solo el 10% de los que ingresan se ordenan (mi generación no es la excepción, de 26 quedamos 3), y decimos "son muchos los llamados y pocos los escogidos", y traducimos "muchos lo desean, pocos lo alcanzan", no basta querer ser médico, hay que alcanzarlo.

Honor a quien honor merece: No comparto aquella opinión de quienes dicen que la cantidad de estudio de los seminaristas se compara con los de medicina, quien así piensa ignora la realidad; y no es que seamos "perezosos" o "mediocres", no podemos absolutizar el aspecto académico al 100% de nuestra formación, necesitamos sacerdotes intelectuales, pero también pastores, hombres de oración, buscando la perfección en la parte humana; no obstante nos es de envidiar el amor con el que los estudiantes de medicina se desvelan y sacrifican también sus años de juventud, sus mejores años.

Terminadas las formaciones iniciales, ya como médicos y sacerdotes también se comparten semejanzas. La primera de ella, la más bella, y espero que no sea equívoca, es la caridad como motor del hacer cotidiano; un sacerdote cuya motivación no sea el amor a Dios en el prójimo está destinado a vivir en la amargura; igualmente, no me imagino otro motivante principal en una persona que ayuda a recuperar a otra su salud y bienestar corporal sacrificando horas de sueño, convivencia con la familia y seres queridos, y cosas más difíciles como son otros sueños personales.

Otra belleza que compartimos: trabajamos con la joya de la creación de Dios, el hombre, unos en su ser corporal y otros en su ser espiritual. Que difícil es comprender que el hombre se debe tratar en su integridad. Ambas realidades muy complejas en sí mismas, pero igual de importantes; médico de cuerpos y médico de almas no es una competencia sino una complementariedad.

Finalmente compartimos un aspecto no tan positivo, estamos en la mira de la gente todo el tiempo, no importa cuantas almas salvemos, cuantas vidas conserven, parecerá que lo único que cuenta son los fallos, los fracasos muchas veces reclamados incluso por nosotros mismos, o bien por diversos medios que buscan desprestigiarnos.

Que alegría es para nosotros saber que contamos con médicos como colaboradores del Evangelio, afirmar como San Pablo "Lucas está conmigo", y sepan amigos médicos que también pueden contar con nosotros para lo que necesiten.

Estudiantes de medicina, seminaristas, médicos y sacerdotes, vayamos todos juntos hacia la vida eterna.

 

Roberto Misael Enríquez Botello

Teología IV

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Contigo hasta el horizonte

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Al reflexionar mi caminar con Dios me vienen a la mente las palabras del salmista donde dice: “Me enseñaste a alabarte desde niño y seguir alabándote es mi orgullo” (Salmo 70). Mi madre me cuenta que a los tres días de nacida me llevó al templo a presentarme a Jesús y a María, prometiéndoles que su hija iba a servirles. Parece ser que, desde este momento, comenzó una gran aventura.

Desde pequeña acudí fielmente a los 7 años obligatorios de catequesis infantil y de ahí siguieron diferentes apostolados: coros, proclamadores, pastoral parroquial juvenil y de adolescentes, movimiento de campamentos Kairós, etc.

Es muy interesante reflexionar el proceso de mi relación personal con Dios. Sin duda mi imagen y concepto de Dios fueron atravesando varias crisis. Crisis que han dado paso a una amistad más sincera y profunda con Él. Conforme iba creciendo, se fueron presentando desafíos que me confrontaron personalmente y me hicieron preguntarme dónde cabía Dios en mi vida cotidiana, en mis decisiones, en mis relaciones personales, en mi familia. De pronto, el espejismo de sentimentalismo se desvaneció, y en su lugar se empezó a construir un vínculo con cimientos de mayor fuerza.

Ciertamente que estar inserto en un servicio apostólico es bellísimo, pues entre otros beneficios, ayuda a elevar la vida espiritual. Sin embargo, estaría bien hacer un alto de vez en cuando preguntándonos si en alguna parte del camino hemos perdido de vista el rumbo: ¿Qué amo más: las cosas de Dios o al Dios de las cosas?

Fue precisamente esta cuestión la que abrió un parteaguas en mi vida hace poco más de un año cuando tomé una decisión muy importante: Dejar a mi familia, comunidad parroquial, servicio apostólico, amigos, compañeros y mi ciudad natal para trabajar en ciudad Juárez. Él me ha acompañado en el cumplimiento de mí querida profesión: ser maestra de Educación Primaria.

Esta decisión ha sido bastante gratificante y confrontante a la vez. Y de nueva cuenta, naturalmente surgió otra crisis de fe que puso a prueba mi fidelidad y amor. De pronto me encontré con la oportunidad de madurar: lavar mi ropa, cocinar, pagar servicios, limpiar, arreglar los problemas con el carro, acudir sola al doctor, mantenerme por mi misma, en pocas palabras, ser independiente, en un lugar extraño. Sin embargo, esto sólo fue la punta del iceberg, pues el quehacer principal lo tenía en la escuela: estar a cargo de un grupo de chicos de sexto grado. Ellos se convirtieron en mis mejores maestros, en cada uno pude ver grandes potencialidades, así como necesidades de afecto y comprensión. En un momento de desesperación intensa, entré en oración y Dios me hizo ver mi nueva realidad de una manera simple y concreta: “Tu misión es estar aquí. Es servirme a través de estos niños, hazles saber que son amados, que pueden salir adelante. Tú también vas a salir adelante declarando victoria en mi nombre”.

Fue así como comencé a amar mi nueva vida y a resurgir en mi amor al Dios verdadero. Tiempo después, mi padre atendió el llamado del Señor a la vida eterna a causa de una enfermedad. Fue un choque tremendo que me sacudió hasta los huesos, y me hizo replantearme otra vez el sentido de mi propia existencia. Estoy profundamente agradecida con todas las personas que me han brindado su mano, oídos y hombros para llorar, abrazar y escuchar. Sin duda es un proceso largo, pero poco a poco va asentándose. Hoy más que nunca tengo la certeza de que Dios me ama y me fortalece en el Kairós. Todo lo puedo en Él.

No tengamos miedo de que el Señor nos moldee. Atrevámonos a servirle con alegría en nuestros trabajos y estudios. Hacen falta cristianos valientes que opten por una vida cristiana, que luchen por un mundo más justo desde las trincheras de su profesión. Es bueno predicar a viva voz, sin embargo, el impacto es mayor si permitimos a nuestros actos expresar nuestra fe y por supuesto, el gran amor que Dios nos tiene.

 

Cinthya Lara Almeida

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¿Miguel Hidalgo fue sacerdote?

Quizá el título pueda sorprender a más de uno, pues hasta donde se sabe no hay dudas de la validez del sacerdocio católico del cura Hidalgo. ¿Por qué dicho título para este artículo? Bueno, en principio, la culpa es de la Pastoral de Medios de Comunicación del Seminario, ya que ellos me sugirieron titularlo así. Sin embargo, es una buena excusa para hablar de lo que en verdad significa ser sacerdote en la sociedad.

Miguel Hidalgo es conocido popularmente como “El padre de la Patria”. Aunque hay que aclarar algo, aunque oficialmente se le considere como el iniciador del movimiento de independencia en México, lo cierto es que en un principio la intención de este sacerdote no era lograr la autonomía de nuestro país; él buscaba hacer una guerra civil que permitiera el retorno del Rey Fernando VII al trono de España. Por otra parte, Hidalgo no es precisamente un modelo para la vida clerical, todo lo contrario, tuvo hijos y varias mujeres. Con esto me parece que hay razones para empezar a dudar de la heroicidad de este personaje.

Mi intención no es hacer una valoración moral de la vida de Miguel Hidalgo, tampoco un análisis histórico de la independencia de México. Simplemente pretendo mostrar cuál es la razón de ser sacerdote en la vida social. Como paréntesis, invito a todos los lectores a abrir un poco más su mente y despegarse de la versión oficial de la historia que nos cuenta la SEP. Para los interesados en conocer una visión más objetiva los invito a leer el libro “La otra historia de México, Hidalgo e Iturbide: La Gloria y el Olvido” de Armando Fuentes Catón.

Ahora sí, entrando en materia, ¿cuál es la función de un sacerdote en la vida social, política y económica de un país? Quizás hemos escuchado a algunos sacerdotes dar discursos desde los pulpitos, manifestar su simpatía o rechazo hacía alguna ideología política o económica, incluso pronunciarse en temas sociales. ¿Está esto bien? ¿Qué no se supone que un sacerdote no puede hablar de política? ¿Es que acaso la Iglesia puede identificarse con un partido político? ¿Puede la Iglesia aprobar y promover un sistema económico?


Estos cuestionamientos me resultan interesantes, sobre todo después de haber sido durante dos años seminarista; descubrí que Jesús no me llamaba al sacerdocio sino a una misión más cercana a la política y a la acción social. Realmente me siento indagado por estas preguntas. Es por eso que acudo al Magisterio de la Iglesia buscando respuestas. Los documentos del Concilio Vaticano II iluminan estas realidades:

 El sacerdote, como persona consagrada a Cristo y llamado a identificarse con el Señor, tiene como función especial el llevar la luz del Evangelio entre sus hermanos los hombres (cfr. PO n. 2). Testigos de las realidades terrenas, no pueden permanecer ajenos a los aconteceres humanos; tienen por ello una específica obligación de no conformarse a este mundo (cfr. Ibídem, n. 3). Por su especial dedicación a la cosas divinas, deben ser especialmente sensibles a las injusticias de este mundo y a la pobreza y demás lacras sociales (cfr. Ibídem, n. 6).

Esto nos da luz para entender la misión del sacerdote en el ámbito social. El sacerdote católico es ser Alter Christus, haciendo presente a Jesús en el mundo. Esto se realiza principalmente mediante la celebración de los sacramentos, la predicación de la Palabra y la ayuda a los más necesitados; y claro, para llevar a cabo este ministerio es necesario conocer las necesidades del pueblo, palpar sus sufrimientos, gozar con sus alegrías, y saber descifrar los signos de los tiempos.

A los sacerdotes no les corresponde directamente la transformación social, esa prioridad es de los laicos. Será función de la Iglesia, a través de sus ministros, orientar a los laicos para que puedan evangelizar su entorno mediante la enseñanza de la Doctrina Social Cristiana, el acompañamiento espiritual y la invitación a la vivencia de los sacramentos. La Iglesia no puede pretender sustituir al Estado, como lo intentó en algún tiempo, ni puede equiparar el Reino de Dios con ningún partido político.

Sin lugar a dudas, hoy vivimos como nación una gran problemática social, y en definitiva, hace falta una transformación social. Pero no es misión ni de los sacerdotes ni de los obispos realizarla, somos nosotros los laicos los que debemos construir una nueva Civilización del Amor, como bien lo decía Pablo VI.


Es misión de los laicos la transformación de las estructuras temporales de la sociedad: a ellos “corresponde iluminar y organizar todos los asuntos temporales a los que están estrechamente vinculados, de tal manera que se realicen continuamente según el espíritu de Jesucristo y se desarrollen y sean para la gloria del Creador y del Redentor” (LG n.31).

Forma parte de la vocación específica de los laicos “descubrir o idear los medios para que las exigencias de la doctrina y de la vida cristiana impregnen las realidades sociales, políticas y económicas” (CCE, n. 899).

No necesitamos sacerdotes guerrilleros si no pastores amorosos. Hacen falta santos sacerdotes que acompañen a los pueblos de Dios, compasivos y misericordiosos, como lo pide el Papa Francisco. Contestando a nuestra pregunta inicial ¿Miguel Hidalgo fue sacerdote? Canónicamente sí, el recibió legítimamente el sacramento del Orden. Sin embargo, no supo ser un buen pastor para su pueblo, ni consiguió hacer presente a Jesús en medio del mundo. Quiso hacer algo que no correspondía a su vocación. Creo que es importante que cada uno descubramos nuestra misión en la historia de la salvación. «Cada uno ponga al servicio de los demás el don que haya recibido» (cfr. 1 Pedro 4, 10).

Concluyo que, necesitamos más padres de la patria, que no pretendan hacer política o inciten a la rebelión, si no auténticos padres de la fe. Ojalá que los futuros sacerdotes vivan la auténtica paternidad espiritual y sepan guiar a los laicos que han sido llamados a la acción política o social. Su misión es acompañarnos y vaya que nos hace falta. «La gente espera que los sacerdotes sean padres espirituales» (Papa Francisco).

Fuentes:

Catholic.net, “El sacerdote y la actividad política”.

“La otra historia de México, Hidalgo e Iturbide: La Gloria y el Olvido” de Armando Fuentes Catón.

 

Alan Valles

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El grito de Dolor-es

Con ocasión del 16 de Septiembre, día en el que en México celebra su aniversario de independencia, se realizarán fiestas por todo el país, halagando aquel sueño de algunos hombres llamados héroes nacionales. 

Sí, hoy hay fiesta en toda la Republica Mexicana, desde los pueblos más escondidos hasta las grandes metrópolis, en donde desfilarán por los escenarios grandes artistas. Habrá fiesta, música, baile y gritos, en un ambiente de alegría y jubilo, como ya lo dijo el Maestro O. Paz: “No hay nada más alegre que una fiesta mexicana” (El laberinto de la soledad, 57). 

Pero lo que actualmente se hace en México, ya lo Romanos lo hacían, llamándole el sistema: “Panem et circenses” (Pan y Circo); donde en los coliseos se ofrecía, al pueblo pobre, algo de entretenimiento, al mismo tiempo, que se les regalaba alimento. Gracias a esto, el gobierno podía tranquilizar y distraer al pueblo que pasaba una situación de sufrimiento, dejación, injusticias, entre más. 

Entonces hoy, el pueblo mexicano, es galardonado con una infinidad de celebraciones, vestido de fiesta y puestos ya los manteles largos, contrastando esto con la realidad que vive, deja ver una cosa: pan y circo para los mexicanos. Es decir, hoy será, como hace muchos años ha sido, el pueblo que come y se distrae para que así pueda olvidar su realidad, en otras palabras, que olvide su pobreza. 

“La pobreza se mide por el numero y la suntuosidad de las fiestas” (íbid.52); de esta manera México, que es grande en sus fiestas, es grande también en su pobreza, no refiriéndose solo a la económica (que sería otro tema por debatir) sino a la pobreza de libertad, de sueños, de proyectos. 

México olvida que el grito que realiza cada noche del 15 de Septiembre, se hizo en un principio con la intención de denunciar; olvida que fue un grito de dolor ante la realidad que se vivía, ante las injusticias y el sufrimiento. De esta manera el grito de Dolores, se trasforma de expresión para quedar: el grito de dolor-es… porque nadie alza la voz, nadie se atreve a exigir, pero especialmente a denunciar. 

Esta capacidad de denunciar, desde hace más de 20 siglos la han realizado los profetas, que no sólo fueron anunciadores de Dios, sino que también fueron denunciadores de las realidades inhumanas y del mal existente en el mundo. 

El evangelio para los bautizados les exige ser profetas; un cristiano, en cumplimiento de su fe, tiene el deber de ir contracorriente, de hablar y si es necesario de gritar. 

Si hoy se tiene que dar un grito, que sea de denuncia, es tiempo de ser profetas y de alzar la voz.

Oscar Loya Terrazas

Teología I

Mane nobiscum Domine

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SEMANA DE ORACIÓN POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS, 2015.

Este domingo 18 de enero hemos iniciado la Semana de Oración Ecuménica 2015 que lleva como tema central “Dame de beber” (Jn 4,7), y el Seminario Arquidiocesano de Chihuahua, se encuentra muy emocionado y motivado a orar ante este hecho, que si bien es cierto, se realiza una vez al año, debería ser uno de nuestros principales motores para  mover a todos los cristianos a lo largo de nuestra vida: la unidad basada en El Amor.

                  Sin lugar a dudas, es un tema que abarca a todos los cristianos, pero ¿Cuál será la postura del Cristiano Católico específicamente?

Podemos ver como un sacerdote y gran filósofo de nuestros tiempos, como lo es Ramón Lucas Lucas, en su gran obra Absoluto Relativo a la letra nos dice:

“Uno de los datos fundamentales de la fe católica es que el mensaje salvífico se dirige a todos los hombres. Si se dirige a todos, significa que en ellos existe la capacidad de recibirlo, que es el fundamento de la universalidad…Si los hombres no fueran todos iguales, si no poseyeran una naturaleza o esencia, es decir, una estructura común, que se concreta en la singularidad y particularidad de cada uno de ellos, no todos estaríamos llamados a la salvación”

                  Que descripción tan acertada del autor, en donde resalta que el mensaje de salvación revelado por el Maestro, debe ser dirigido a todos los hombres, ya que en nuestra naturaleza, que fue compartida por nuestro Dios en el Sagrado Misterio de la Encarnación, llevamos esa capacidad; que incluso se convierte en necesidad de recibirlo. De esta manera, al decir que dicha capacidad se encuentra arraigada en la estructura del ser humano, entonces deberá ser una cualidad que involucre todo nuestro ser: nuestra mente, nuestro corazón, nuestras ideas, en una palabra todo nuestro vivir deberá estar orientado a recibir y compartir este mensaje de salvación.

                  Que impactante y que dicha tan grande, el haber recibido esta capacidad por gracia de Dios en nuestra propia naturaleza; que gran responsabilidad se encuentra ante todos nosotros los cristianos.

La palabra “Católico” significa precisamente “Universal”, de tal modo que en nuestro propio nombre, llevamos nuestro hacer. Por lo tanto, no queda ni la más mínima duda de cuál es nuestra postura ante tal evento: apoyar con una devoción que involucre todo nuestro ser la oración por la Unidad de todos los cristianos… Y es que ¿acaso no basta la enseñanza de Nuestro Maestro?  Sabemos que los judíos  tenían prohibido acercarse a los samaritanos, y siendo Jesús uno de ellos, va más allá de las fronteras entre pueblos, impuestas por el hombre y se acerca a la mujer samaritana, y no solo eso, sino que siendo Hijo de Dios, le pide que sacie su sed, siendo ella al final, la que termina saciando su propia sed, al escuchar la palabra y este mensaje de Salvación.

                  ¿No es verdad que en la actualidad seguimos sedientos de paz? ¿No verdad que estamos agobiados por la violencia y la falta de amor entre las naciones? ¿No es alarmante ver tantas muestras de división entre los hombres?

                  Esta semana, es una gran oportunidad para llevar y compartir a toda la humanidad la gran Noticia que hemos recibido y de la cual somos testigos: un Dios, que ha venido a darle un sentido a nuestras vidas, un Dios que se hizo Hombre para venir a salvarnos. Vayamos pues, como el Maestro, a compartir este mensaje, oremos por la Unidad de los Cristianos, rompamos las barreras impuestas entre los hombres, vivamos como hijos de Dios perdonando, luchando por el bien común, amando como el Maestro nos lo enseno…

Padre Nuestro, Padre de todos los cristianos, Padre de todos los hombres… ¡Venga a nosotros tu reino…!

 

Alfredo Gómez

Filosofia III

 

                  

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