El mes de septiembre de 1894 se marca como la fecha del inicio del Seminario Arquidiocesano de Chihuahua. Esto, a pesar de que hay indicios de que a la llegada de Don José de Jesús Ortiz, primer Obispo de Chihuahua, el 3 de octubre de 1993, de algún modo estaba funcionando el Seminario. Existen testimonios de que entre 1873 y 1877 existió el Seminario de Chihuahua o Seminario Conciliar de Chihuahua del P. José de la Luz Corral, pero que funcionaba con graves carencias económicas y de personal capacitado. En su correspondencia de los tres primeros meses, Mons. Ortiz, menciona varias veces el Seminario, por lo cual, parece improbable que no se refiera al Seminario fundado por José de la Luz Corral.  Sin embargo, Don José de Jesús Ortiz, apenas llegado a la diócesis, se dio a la tarea de darle al Seminario una reestructuración tan completa que la consideró como si lo estuviera fundando de nuevo. Esto surtió efecto hasta el nuevo curso, que tuvo su inicio en septiembre de 1894, por medio de algunas medidas que el Obispo tomó a partir de su llegada en favor del Seminario.

Por este motivo, la comunidad del Seminario, se ha propuesto sacarle provecho a este acontecimiento , de su 120 aniversario, haciendo un ejercicio de memoria histórica, que redunde en beneficio del proceso formativo que actualmente llevamos. Así como las familias se unen en torno a la plática y las imágenes de sus antepasados, así también la familia del Seminario puede encontrar alguna identidad conociendo sus raíces históricas. Al menos nos quedará claro que Dios ha querido plantar su amor en estas tierras y lo ha cultivado por medio del sacerdocio de su Hijo Jesucristo. Ya que “los presbíteros son llamados a prolongar la presencia de Cristo, único y supremos Pastor, siguiendo su estilo de vida y siendo como una transparencia suya en medio del rebaño que les ha sido confiado… Existen y actúan para el anuncio del Evangelio al mundo y para la edificación de la Iglesia, personificando a Cristo y actuando en su nombre”(PDV 15; cf. 43). Son una “imagen viva y transparente de Cristo sacerdote”(PDV 12). Lo único que nos debe interesar en el Seminario es “…saber a Jesucristo, y a éste crucificado.”(1Cor. 2, 2), y si para eso puede servir repasar la historia, pues, a estudiar la historia. La imagen del buen Pastor se puede ver muy clara en el testimonio de muchos sacerdotes representados muy bien por el P. Pedro de  Jesús Maldonado Lucero. El sacerdocio de Cristo se transparenta en el Evangelio enseñado por la Iglesia, pero, también, está vivo en sus ministros.

Queremos, de este modo, seguir cumpliendo con el objetivo, que la Iglesia encomienda al Seminario Mayor: “…es una comunidad educativa, animada y guiada por el Obispo, donde los candidatos al sacerdocio, como discípulos y misioneros de Jesucristo, reviven en la Iglesia la experiencia vital y formativa de la comunidad apostólica reunida en torno al Señor(cf. Mc. 3, 13-15). Esta experiencia eclesial tiene como finalidad proporcionar a los alumnos una formación estrictamente sacerdotal orientada a la configuración con Cristo Buen Pastor(NBFSM  51).

 Como creyentes estamos invitados a leer la propia historia y la comunitaria, para encontrar en ella signos de la fidelidad de Dios y algunas luces para continuar avanzando. No podemos dejar de aprovechar esa “veta” del acompañamiento que Dios viene haciendo a la Iglesia de Chihuahua y en ella al Seminario, que se puede constatar a lo largo de la historia. Finalmente la fe también es esto: relectura creyente de la vida. No le haremos mucho favor a la historia, eso se lo dejamos a los investigadores. Aquí nos apoyaremos en apuntes del P. Dizán Vázquez y del P. Félix Martínez. De lo que no nos podemos disculpar es de permanecer pasivos frente al espectáculo de la historia narrada, menos cuando se trata de la historia del Evangelio en nuestras tierra y de la formación de discípulos misioneros. Estaría en entredicho nuestro ser de creyentes, que siempre capta el fondo de las intervenciones de Dios volviendo sobre los hechos. No le entendemos a Dios de una vez por todas, es necesario “rumiar” los acontecimientos.  Por  todo lo que la historia nos permite ver, también estaremos invitados a decir: “Dios ha visitado a su pueblo”(Lc. 7, 16).

1.     El Seminario Conciliar de Durango.

Desde 1620, fecha en que se creó el obispado de la Nueva Vizcaya con sede en Durango, lo que hoy es el estado de Chihuahua, y que entonces formaba parte de dicha demarcación, pertenecía a la mencionada diócesis, cuyos límites se xtendían indefinidamente hacia el norte.

Sin embargo fue hasta 1705, por obra del obispo Ignacio Díez de la Barrera, que se fundó el Seminario de Durango. Ahí se formaron los sacerdotes que trabajaron en Chihuahua hasta 1891, fecha en que se fundó el obispado de Chihuahua.

2.     Los Colegios jesuitas.

Sin embargo, las enormes distancias que separaban de la sede episcopal, alargadas por los medios de transporte que entonces existían, hizo que al menos para los primeros años de formación sacerdotal, los jóvenes de Chihuahua pudieran hacer sus estudios sacerdotales en localidades más  cercanas a su lugar de origen. Tal cosa se facilitó con la fundación de los dos colegios fundados por la Compañía de Jesús, uno en San José del Parral  y otro en la Villa de San Felipe el Real de Chihuahua.

El Colegio Parral fue fundado en 1685 por el famoso misionero Tomás de Guadalajara. Esta fue la primera institución de educación superior en el norte de la Nueva Vizcaya. En ella se preparaba “no solo a los futuros misioneros, sino también a todos aquellos jóvenes españoles, criollos, mestizos o indios que deseaban instruirse a hacer carrera eclesiástica”. El mismo P. Guadalajara fue su primer rector.

El Colegio Parral precedió en 34 años al segundo, que se estrenó el 17 de junio de 1719 en Chihuahua, con la misma finalidad que el anterior, siendo su primer rector el padre Antonio de Herrera.

3.     La Casa de Estudios del P. Irigoyen.

Cerrados ambos colegios jesuitas como consecuencia de la expulsión de esos religiosos por orden de Carlos III, Chihuahua quedó privada de instituciones de educación media y superior, como se le llama hoy. Por eso un franciscano, fray Joaquín de Arenas, con el consentimiento del Ayuntamiento de Chihuahua, logró establecer una cátedra de gramática latina y castellano, pero esta iniciativa duró muy poco por la inquieta vida que llevaba el fraile, que en l818 fue enviado a la ciudad de México por el obispo de Durango, Marqués de Castañiza.

La verdadera continuación de los colegios jesuitas fue una escuela de estudios superiores llamada “Casa de Estudios”, que abrió sus puertas en Chihuahua el 1° de diciembre de 1827, fundada por el Pbro. Antonio Cipriano Irigoyen. Esta escuela se puede considerar un verdadero Seminario, y así se le llama en diversos documentos, pues aunque estaba abierta a toda clase de estudiantes que iniciaban allí otras carreras, se incluían, no todas desde el inicio sino en etapas sucesivas, materias propias de la carrera eclesiástica, como Latinidad, Filosofía Escolástica, Teología Dogmática y Derecho Canónico. En 1832 se estableció la cátedra de Filosofía y en 1834, la de Teología.

La Casa de Estudios fue reorganizada en 1835 durante la administración que presidió el General José Joaquín Calvo. Esta escuela tenía el nivel de Preparatoria, a fin de que los jóvenes estudiantes chihuahuenses pudieran ejecutar los estudios respectivos sin necesidad de salir fuera del Estado, en virtud de que en aquella época tenían que trasladarse a otras poblaciones foráneas. Para los alumnos que querían seguir la carrera eclesiástica, constituía una etapa intermedia entre lo que hoy llamamos Seminario menor y mayor. Posiblemente, al terminar esta etapa, los seminaristas tenían que terminar sus estudios en Durango. Uno de sus más destacados alumnos fue el Pbro. José de la Luz Corral, que luego también fue maestro y rector.

4.     El Seminario del P. José de la Luz Corral.


Dada la separación y ruptura entre el Estado y la Iglesia, a raíz de las Leyes de Reforma, en el llamado en ese entonces “Instituto de los Héroes de la Patria” ya no podían seguir impartiendo materias de tipo religioso, ni podían servir para formar seminaristas. Por esa razón el Pbro. José de la Luz Corral, adaptándose a los nuevos tiempos, abrió en 1873 una nueva institución que sería exclusivamente para formar candidatos al sacerdocio. En un libro de conferencias de actualización que tenía el clero de la ciudad de Chihuahua se dice que el citado seminario se estableció en el edificio que había sido el convento franciscano anejo al templo de San Francisco.

 

Entre el 23 de octubre de 1873 y el  5 de julio de 1877, se menciona el seminario de Chihuahua. A partir de 1877 ya no se le menciona sino hasta que llega el primer obispo de Chihuahua, don José de Jesús Ortiz. Este obispo menciona el seminario en su correspondencia apenas llegado a Chihuahua, en un plazo que se antoja demasiado corto para que se trate del nuevo Seminario fundado por él.
 

P.P. Luis Terrazas y Jesús Corral.

 

5.     Don José  de Jesús Ortiz y el Seminario.

El 3 de octubre de 1893 llega a Chihuahua don José de Jesús Ortiz, primer obispo de la diócesis, erigida por León XIII el 23 de junio de 1891. Al día siguiente tomó posesión oficialmente de su cargo, y ya en su correspondencia de esos primeros tres meses menciona varias veces el Seminario, parece improbable que no se refiera al seminario fundado por José de la Luz Corral. Sin embargo, es natural que este seminario adoleciera de graves carencias, económicas y de personal capacitado, como las sufría toda nueva diócesis. Por eso Mons. Ortiz se dio a la tarea de darle al Seminario una reestructuración tan completa que la consideró como si lo estuviera fundando de nuevo.

Apenas entrado el año de 1894, monseñor Ortiz encomendó al padre Salvador Gambino, un italiano de la congregación de los Siervos de los Pobres, que recién había llegado a Chihuahua el 25 de diciembre de 1893, poner por escrito la organización del Seminario, cuyo edificio estaba en construcción, y para este fin escribió al obispo de Montreal para pedirle el reglamento y el plan de estudios de su Seminario.

Sobre su ubicación es casi seguro que fue el antiguo convento de San Francisco. Si tomamos en cuenta que después de la experiencia del antiguo Seminario, que terminó en 1877, el local que este ocupaba siguió funcionando como Colegio hasta 1891, no parece extraño que la sede del nuevo Seminario haya sido en un principio la misma del anterior.

Los primeros años fueron de penuria y escasez, pero se luchó con esperanza. No se contaba con espacio suficiente, por lo que a veces era necesario rechazar algunos candidatos. Por esto algunos alumnos tenían su propio mobiliario y que conseguir su manutención fuera del Seminario. (P. Félix M.).

Para procurar la suficiente formación intelectual, Mons. Ortiz se esforzó siempre en dotar a su Seminario y a sus sacerdotes de la bibliografía necesaria, tratando de tenerla al día. Así cuando le recomendaban un texto importante o de actualidad, inmediatamente lo solicitaba. Prueba de ello es una carta a Don Guillermo Herrero de la ciudad de México para que le mande 50 ejemplares de la obra “El Sacerdote Católico en presencia de las necesidades de la Santa Iglesia”. O la “Historia Sagrada” de Schuster. Lo mismo que los textos clásicos de Lógica y Matemáticas. Además, no obstante las limitaciones, siempre tuvo cubiertas todas las cátedras de su seminario. Ciertamente esto se debía en parte también a la solicitud de los sacerdotes, que no obstante ser los sueldos del Seminario muy bajos, sobraba quien quisiera prestar sus servicios en esta institución. (P. Félix M.).

La preocupación por la formación intelectual no deja atrás la preocupación por una sólida formación espiritual. En abril de l894 solicita al P. Tomás Rodríguez, misionero Josefino destinado a Batopilas, que dé los Ejercicios espirituales a sus seminaristas, para formar en ellos el celo apostólico y misionero que embarga a estos abnegados misioneros de la Tarahumara. Quizás sean estos Ejercicios con los que se inicia el nuevo Seminario, planeado por Mons. Ortiz desde su llegada a la diócesis.

No sabemos a ciencia cierta quien fue el primer rector del Seminario de Chihuahua. Es probable que él mismo haya asumido en un principio este cargo. Aparece el nombre del P. Eduardo Ortiz como encargado de la formación del Seminario, lo que equivaldría al cargo de Vice-rector. Aunque también en ocasiones en que se ausentaba dejaba como Pro-rector al Sr. Cura Dn. Luis Terrazas.

Ciertamente en 1895 a 1902 va a asumir la responsabilidad de la buena marcha del seminario el P. Guillermo Álvarez, quien además de ser Vicario General era maestro del Seminario, y si no rector, por lo menos responsable del mismo. Él será quien proyectará dotar al Seminario de un edificio digno y adecuado para dicho fin. Para ello, con el apoyo de la Sra. Jesús Seijas de Prieto y la Sra. Paz Cuilty Vda. De Creel y de la Asociación de Beneficiencia llamada Amiga de la Obrera, se lanzará a la construcción del Templo de la Sagrada Familia y Anexos que albergaran años más tarde el Seminario en tiempos del Sr. Obispo Dn. Nicolás Pérez Gavilán.(P. Féliz M.).

Uno de los alumnos que conviene destacar de esta primera época del Seminario es el P. José S. Ramos. A él le tocó el honor de vivir la vida del Seminario con los tres primeros Obispos. Alumno con el primero, ordenado por el segundo y maestro  y posteriormente rector del Seminario en tiempos del tercero. Él fue uno de los primeros alumnos del Seminario cuando el Sr. Obispo Dn. José de Jesús Ortiz lo estableció en esta diócesis. Fue ordenado por el Sr. Obispo Pérez Gavilán en 1904, después de cursar toda la formación en este seminario.

6.     Don Nicolás Pérez Gavilán y el Seminario.

El 27 de mayo de 1902 llega a Chihuahua el nuevo obispo, don Nicolás Pérez Gavilán, nombrado en sustitución de Mons. Ortiz, trasladado a la sede arzobispal de Guadalajara. El 1° de junio siguiente, los profesores y alumnos del Seminario Conciliar de Chihuahua ofrecen a don Nicolás Pérez Gavilán una velada artístico-literaria, con motivo de su toma de posesión como obispo de Chihuahua. La invitación fue enviada por el padre J. Joaquín Holguín, que era el vice-rector. Por esta nota se ve que el Seminario fundado o refundado por Mons. Ortiz seguía funcionando. Sin embargo, su funcionamiento era muy precario: la diócesis, aun después de diez años de fundada y del intenso trabajo de don José de Jesús, seguía muy necesitada de todo, especialmente de suficientes sacerdotes y no se podía conformar un buen equipo de formadores.

Por estas razones, en julio de 1902, apenas un mes después de su toma de posesión, el obispo Gavilán, entre sus primeras actividades como pastor de Chihuahua, se propuso dotar al Seminario de los bienes que le faltaban y comenzó a estudiar unas nuevas bases sobre las que había que reglamentarlo. Por ello, una de las principales decisiones que tomó fue la de invitar a la diócesis a los padres de la Congregación de la Misión, fundada por san Vicente de Paúl, por lo cual se llaman también vicentinos o paúles, para que se hicieran cargo del Seminario.

Los religiosos llegaron a la ciudad de Chihuahua el 30 de diciembre de 1902. Eran cuatro sacerdotes: los padres Bruno Álvarez, Joaquín Ramos, Manuel Coello y Manuel Soriano, y el hermano Sixto Díaz.

Los vicentinos pusieron manos a la obra inmediatamente y el 15 de enero de 1903 se reabrió bajo su dirección el Seminario. Su primer rector fue el padre Bruno Álvarez. El Seminario estaba situado en un edificio de la calle Juárez y Vicente Guerrero, hasta que se trasladó a un edificio que estaba a un lado y se extendía por detrás del templo de la Sagrada Familia. Este cambio fue en julio de 1905 y ahí habría de durar muchos años. Según testimonio del padre Bruno Álvarez, los padres vicentinos llegaron a Chihuahua “para formar y regir el Seminario Conciliar… El Obispo de aquí trató de poner Seminario; compró casa y le abrió, pero por falta de elementos le cerró y envió los pocos clérigos que tenía a otras diócesis a estudiar. El nuevo Obispo que hoy hay es muy entusiasta, emprendedor y de grandes cualidades. Por falta de la cultura religiosa del país, por haberse extendido las ideas liberales en todo él y con ellas el desprecio al sacerdocio; por haber sido expoliada la Iglesia de todo y estar hoy sin recursos, y más por acá, no podemos esperar gran número de vocaciones eclesiásticas, pero Dios quiera que las pocas las formemos bien y según los designios divinos… Por hoy sólo contamos con 38 a 40 alumnos, pero advierto que empezamos cuatro meses después de lo acostumbrado  por acá”.

Es curiosa la anotación del P. Álvarez de que el Seminario estaba cerrado. Tal vez la explicación es esta: A la llegada de monseñor Gavilán todavía existía el Seminario fundado por monseñor Ortiz, puesto que ahí le dieron una fiesta de bienvenida y tenía como vice-rector al padre Holguín. Tal vez se trataba solo de un Seminario menor y los seminaristas mayores eran enviados a otras partes a completar sus estudios. Gavilán al ver la manera tan precaria como funcionaba, sobre todo por falta de sacerdotes formadores, ya no lo abrió en septiembre de 1902, en que comenzaba el nuevo año escolar, para reorganizarlo y en espera de que llegaran los vicentinos que había mandado llamar. Al llegar estos se reabrió en enero de 1903, como ya vimos.

Antes de comenzar el siguiente año escolar, en un “Prospecto del Seminario Conciliar de Chihuahua”, como parte de su plan de reorganización del mismo, don Nicolás Pérez Gavilán establece entre otras cosas: “2° Como en la ciudad no hay otro plantel católico de educación e instrucción superior, también serán admitidos los que, sin aspirar al sacerdocio, deseen instruirse en las ciencias y educarse sobre las bases de la sana moral y santa religión católica. Con el objeto de no excluir a nadie, además de las materias de preparatoria, habrá clases y cursos comerciales; 3° Con el fin de disponer a los alumnos para las clases de preparatoria, habrá dos años de enseñanza primaria superior… 5°Los alumnos podrán ser internos, medio internos y externos. Los alumnos internos se dividirán en pensionistas y de Becas de Gracia. Las Becas de Gracia sólo puede concederlas el Ilmo. Sr. Obispo, y en general únicamente lo hará a favor de los aspirantes al estado eclesiástico. El Prospecto incluye al Plan de Estudios para cada una de las etapas, las condiciones de admisión, los útiles que deben aportar los internos, y el reglamento de visitas y salidas y la disciplina.

Entre los primeros alumnos que se recuerdan de este período están: P. José S. Ramos, ordenado en 1904 y futuro rector del Seminario de 1930 a 1934 y de 1942 a 1943; el P. Luis G. Soulé, ordenado probablemente en 1905 y nombrado párroco de Cusihuiriachic en el mismo año; el P. José Márquez, cura interino de Cd. Juárez en la época difícil de la Revolución, en 1916; el P. Lorenzo Castañeda.

En septiembre de 1907 es designado rector del Seminario el P. Eugenio Goñi Salba, de la Congregación de la Misión. El 23 de agosto de 1912 deja este servicio, para ser Visitador de la Provincia.

En este tiempo ingresaron al Seminario los padres: Vicente Hurtado, secretario mucho tiempo del Sr. Obispo Guízar Valencia; Monseñor José de la Paz García, Vicario General, rector del Seminario de 1927 a 1929; el P. Manuel Enríquez, primer rector del Clero diocesano, quien murió después de una vida ejemplar en 1924, y quien a su vez fue el instrumento de la Providencia para que el P. Pedro Maldonado volviera al Seminario, porque al encontrárselo un día con su violín bajo el brazo le dijo que “ese no era su camino”. En septiembre de 1909, el Seminario de Chihuahua abre sus puertas al que por su canonización posterior sería su exalumno más famoso, el joven Pedro de Jesús Maldonado.

 También de este período son: el P. Miguel Quezada, maestro del Seminario en 1924; Los padres Leopoldo Aguilar,  Jerónimo Limas, Severiano Hurtado, José Quezada, Castro y Arroyo. Los padres Filiberto y Trinidad Ibarra, eran teólogos en 1908.

El tercer rector, será el P. José Morales Tijerina, C.M, que estará desde 1912 hasta 1923, en que pasó a la casa de Guadalajara. Le tocó ser testigo de la vida ejemplar del P. Maldonado. De él se cuenta que, al terminar los Ejercicios Espirituales de los alumnos, los llamaba uno a uno para preguntarles sobre los propósitos que habían sacado. En una ocasión (esto lo contó el propio P. Morales años más tarde) al preguntarle al seminarista Pedro Maldonado el propósito principal que había sacado de sus ejercicios, él contestó: “He pensado tener mi corazón siempre en el cielo y en el Sagrario”.

La tranquilidad con que funcionaba el Seminario se vio interrumpida con el estallido de la Revolución en 1910, que envolvió a Chihuahua en una nube de inseguridad, especialmente a la Iglesia. La vida en el Seminario se hizo más difícil, faltaban los recursos para la alimentación de los seminaristas y para rodo su proceso de formación. La situación llegó al extremo en diciembre de 1913, cuando Francisco Villa entró victorioso a la ciudad de Chihuahua y asumió la gubernatura, y una de sus primeras medidas fue expulsar a rodo español del estado y del país.

Esta medida afectó también a los padres vicentinos que atendían el Seminario, el cual se tuvo que cerrar. Algunos alumnos continuaron sus estudios en El Paso, otros tomaron clases en casas particulares y otros simplemente regresaron a sus casas. Este fue el caso del P. Maldonado. El Seminario se reabrió el 7 de enero de 1915 con el P. José Morales como rector, ya que este religioso era mexicano.

En 1917, siendo ya diácono, el padre Pedro de Jesús Maldonado termina sus estudios y da el paso firme hacia el sacerdocio. Así, a principios de 1918 terminada su preparación verdaderamente sacrificada, fue enviado a El Paso, Texas, para recibir el presbiterado, pues el Obispo Nicolás Pérez Gavilán se encontraba enfermo en la ciudad de México. Fue Dn. Jesús Schuler S.J., obispo de El Pasos, Tex., quien le confirió el presbiterado el 25 de enero de 1918. Regresó a Chihuahua y el 11 de febrero, festividad de la Santísima Virgen de Lourdes, celebró su primera Misa solemne, en el templo de la Sagrada Familia.

Predicó el P. Morales, todavía rector del Seminario. En su sermón le recordó lleno de emoción aquella respuesta dada en sus ejercicios espirituales: “Acuérdate de la promesa que hiciste de tener siempre tu corazón en el Cielo y en el Sagrario”.

Los continuos sobresaltos y dificultades vividas en las postrimerías de su episcopado minaron la salud del Sr. Obispo Pérez Gavilán, quién el 3 de diciembre de 1919 a los 63 años y 17 de Obispo entrega su alma al Señor en su ciudad episcopal.